Lo bueno si breve… Mejores cortos españoles del año

No es presuntuoso ni exagerado decir que el cortometraje en España, si no ninguneado, solo se entiende como lanzadera de directores y artistas emergentes: como si una vez alcanzado el cierto prestigio que en algunas ocasiones proporciona el largometraje, retornar al corto sea un sacrilegio inexplicable, una pérdida de tiempo o el descenso a los infiernos artísticos. Esta opinión no solo corresponde al populacho, sino que muchos cineastas españoles piensan de igual manera; el año pasado, sin ir más lejos, Néstor Ruiz Medina, nominado al Goya por Baraka (2017), confesaba que su ambición es hacer largometrajes.

Precisamente aquel año ganaba el Paco a Mejor Cortometraje de Ficción el director ya consagrado (en la película de más de 60 minutos, ¡cómo no!)  Rodrigo Sorogoyen, uno de los pocos cineastas que no se olvida del cine de formato breve y suele alternar una pieza de larga duración con otra de corta, si bien es cierto que su último trabajo producido, Madre (2017) le ha servido como punto de partida para su próxima película homónima. Pero pónganse a pensar y díganme que otros directores españoles célebres realizan con cierta frecuencia piezas de menos de media hora, sin contar, claro está, el cortometraje publicitario en alza, en cuyas redes ya han caído Kike Maíllo (el experto en este género con cuatro piezas sonadas, se dedica más a la publicidad que al cine), Alejandro Amenabar en modo Doña Manolita (tampoco sería justo olvidar la aberración que hizo para cierta marca de cerveza levantina con la que nos recordó a sus otrora fans que su estrella está apagándose), Daniel Sánchez-Arévalo o el mismísimo Scorsese, que hizo un spot de nueve minutos para Freixenet, bastante ingenioso, donde huye de la sensiblería y los trucos baratos a los que se suele recurrir en este género de subcinematografía para grabar un pseudo-documental ficcionado al estilo Alfred Hitchcock, pero solo el bueno de Martin es capaz de disimular lo evidente.

Algún que otro realizador habrá (recuérdenoslo en los comentarios), desde luego,  sobre todo más allá de nuestras fronteras, donde el cortometraje y el mediometraje, sobre todo en Francia, gozan de un apoyo mucho mayor, tanto por las instituciones públicas como por el público en general, con canales en abierto que programan frecuentemente, exhibiciones en cines y páginas web tan potentes como UniFrance que dedican grandes esfuerzos por su difusión. Algo envidiable, porque como bien dijo Baltasár Gracián, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”; y para buenas experiencias audiovisuales, las siguientes cinco obras del cine español que luchando contra los elementos (en forma de escasas ayudas públicas, una paupérrima infraestructura de exhibición y el escaso prestigio) han visto la luz en el 2018 o a finales del año pasado:

1. Soy una tumba

“Esto es algo que llevas en la sangre: traficantes hay muy pocos, contrabandistas muchísimos”, con estas palabras (en gallego, eso sí) sacadas de lo que parece una grabación radiofónica que no he conseguido ubicar, comienza el segundo cortometraje de Khris Cembe, tras Viaje a pies (2015), donde perfecciona su animación en dos dimensiones de pincel finísimo, de una expresividad muy particular para contarnos, en dos historias que aúnan pasado, presente y futuro la existencia de un niño marcado por la actividad delectiva a la que se ve abocado su padre. El corto, que no dura ni un cuarto de hora, reúne todos los elementos de las grandes obras: carácter, sentimiento, personalidad, un tema coral que convierte la banda sonora original en algo tan bello como la imagen y la voz en off de Miguel de Lira, la guinda lírica de este pastel amargo.

No me extraña que una productora tan potente como la francesa Autour de Minuit haya decidido coproducir junto a UniKo, productora bilbaína que ha participado en mucho de la mejor animación española de los últimos años. Una mención especial merece su CEO Iván Miñambres, productor de entre otros, la poderosa obra de Alberto Vázquez (con el que Khris Cembe suele colaborar como animador, de hecho, su nombre aparecen en los agradecimientos de Soy una tumba), doble ganador del Goya por Decorado (2016, cortometraje) y Psiconautas, los niños olvidados (2015). Miñambres muestra un cariño y un cuidado por el proceso de creación que está dando maravillosos resultados: La noche (pinche el link para ver el tráiler), ópera prima del también animador gallego Martín Romero, bien podría estar en esta lista de los cinco cortos españoles del año, pero como al final he decidido apostar por una mayor diversidad, pues lo nombro aquí. Si les gusta el film de Cembe, échenle un ojo a esta historia de amor y celos que atraviesa todas las fases de la luna en un puñado de minutos con un trazo de dibujo simple pero muy hermoso: un cuento color de rosa con un trasfondo muy oscuro.

2. Matria

No nos vamos muy lejos para ver nuestro segundo corto, Matria, que transcurre también en tierras gallegas. La vida de Ramona no es fácil, tiene que soportar a una jefa tirana en un trabajo de mierda y a un marido inútil que no le aprecia, Álvaro Gago retrata la historia de su protagonista con la misma crudeza que los mejillones que enlata ocho horas diarias (espero que no sean más) en la fábrica donde se halla esclava, pero esa crudeza, acompañada de los grises y los verdes pálidos típicos de la  Galicia rural, se embellece por los encuadres escogidos con inteligencia y por algún que otro plano fijo prolongado de inusitada belleza, especialmente remarcable, por la cotidianidad que refleja, aquel en el que vemos a Ramona descender la cuesta de su casa en bicicleta, mientras otras vecinas currantas salen de su casa para ir a trabajar.

Esperamos ansiosos su segundo cortometraje, Vigo, 16 de septiembre, que está en fase de producción.

3. Una noche con Juan Diego Botto

Tras dos buenas dosis de drama, nos deslizamos al pantanoso territorio de la comedia autoparódica; los guionistas Teresa Bellón y César F.Calvillo, traen su tercera entrega de “pon en una situación incómoda a un famoso al azar” tras Cariño, me he follado a Bunbury (2016), algo tibio y muy corto (como la vida de Alvy Singer, insípida y breve), pero que arrasó en el popular Jameson Notodo Filmfest de aquel año y un más tibio (casi frío) pero no tan corto No es fácil ser…Gorka Otxoa (2017), donde la víctima en cuestión ya paga los platos rotos: sí, Gorka Otxoa vuelve a hacer de pagafantas y en esta ocasión ni siquiera con una mina lianta, si no con un moribundo insufrible. Ahora le toca el turno a un Juan Diego Botto que se siente comodísimo ridiculizando sus posturas comprometidas con los más desfavorecidos junto a una Cristina Soria, que si menor en fama, igual en prez. Narrada con buen pulso, la velada deja alguna de las escenas más desternillantes del año.

4. Aliens

Nos adentramos ahora en el muchas veces soporífero, algunas emotivo (otro grato descubrimiento de este año es el corto de Maria Elonza  Ancore lucciole [Aún luciérnagas]  y otras altamente magnético terreno del documental “experimental”, Aliens de Luis López Carrasco donde se hace repaso de las venturas y desventuras de Tesa Arranz, musa de la Movida Madrileña, formaría parte del tercer grupo.

Sin ningún tapujo, y con poemas de juventud y acuarelas y retratos entre lo figurativo y lo abstracto de personajes ochenteros tan variopintos como Fabio McNamara Alaska como telón de fondo, Arranz hace repaso de sus pecados, de sus amistades y desemistades con todo el que se cruzó en su camino aquellos años, hace apología al consumo de drogas, confiesa sus enfermedades mentales y sus postreros deseos: conocer a un alienígena (o serlo, quien sabe) y morir.

5. Los inocentes

A falta de noche, un delito cometido sin premeditación pero con nocturnidad es el preámbulo de nuestro quinto corto. Dirigido por Guillermo Benet, se trata de un puzzle en torno a la culpa de un crimen casual donde una chinita acaba convirtiéndose en la piedra de Sísifo. El mayor atractivo es el rompecabezas que supone el montaje, con idas y venidas, partes volteadas y alguna pieza perdida. El desconcierto del inicio (aumentado por el formato vertical, similar al resultado de grabar con un teléfono móvil pero un pelín más rectangular) va volviéndose poco a poco en atracción y repulsión hacia los personajes y en interés por conocer el envés de la historia. El corto se pudo ver, como también Aliens y La noche, hace unas semanas en Alcine, el Festival de Cine de Alcalá de Henares.

Ver estas obras no siempre es fácil, ya que no suelen tener pases en cines comerciales y las proyecciones en filmotecas y academias tampoco abundan. Sin embargo, de los aquí citados, Movistar+ posee los derechos de Soy una tumba y La noche, FilmIn también dispone de un amplio catálogo de cortometrajes como el mencionado de María Elorza, uno de los pros, junto a su apuesta por el cine de autor, que hacen tan recomendable esta plataforma de VOD. Y seguro que antes o después los cortos aquí citados son ofrecidos al público por sus autores o adquiridos por algún operador, mientras tanto, vean corto, disfruten del cine.

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