Entrevista Irene Garmtz

Como ya os adelantamos en la publicación de ayer sobre la dirección fotográfica, hoy entrevistamos a una de las invitadas del Club Internacional de Cine, la directora de fotografía, Irene Garmtz. Pero, ¿Qué hace exactamente un Director de fotografía (DOP)? Muchos ignoran el importante papel que tienen estos maestros de la luz -en inglés llamados cinematographers- en todas las películas y anuncios que vemos. De hecho, la misma Irene bromea sobre ello diciendo que cree que ni su madre sabe muy bien en qué consiste su trabajo.

Le hemos preguntado sobre cómo encontró su vocación -no es habitual que cuando uno es pequeño diga “quiero ser director de fotografía”- y cómo ha logrado hacerse un hueco en la profesión siendo mujer. Independientemente del género, tampoco es fácil conservar un estilo propio frente a las presiones de los productores. Aun así, Irene lo consigue, impregnando sus proyectos de ese “deje” que la caracteriza.

 

‘CAMPO ATRÁS’, UNA HISTORIA NOSTÁLGICA QUE NARRA EL PASO DEL PUEBLO A LA CIUDAD

El equipo de “Campo Atrás”

Andrea Álvarez y Julu Martínez nos contaron los detalles de su TFG 

El pasado 17 de noviembre asistimos al estreno del TFG de Andrea Álvarez y Julu Martínez en el Centro Cultural Casa de Vacas. El cortometraje del tándem dura aproximadamente 27 minutos. 27 minutos de nostalgia y una cierta retrospectiva hacia el pasado, donde los personajes se enfrentan a decisiones que marcarán, sin duda, el futuro de sus vidas.

El problema que se plantea en el corto es fácilmente reconocible para muchísimas personas. En la actualidad, la gente joven que vive en un pueblo o en una ciudad pequeña no se lo piensa dos veces: salir rumbo a la gran ciudad es un hecho irrevocable. Pero no hace tanto tiempo los jóvenes tenían muchos más reparos a la hora de salir del cascarón.

Podríamos decir que este es el punto de partida del corto: se acaba la etapa del instituto y tengo que ver qué voy a hacer con mi vida. Pero no solo. La búsqueda de uno mismo en el terreno de la sexualidad está presente durante todo el proceso. El protagonista, Cesar, interpretado por Alberto Córdoba, se siente atraído por uno de sus amigos de infancia, pero realmente no sabe qué siente. Es una búsqueda de sí mismo, en un proceso por el que todos pasamos en esa famosa etapa de la vida conocida como adolescencia. Supone el paso de la adolescencia a la madurez. Además, Elena, la madre de César -Raquel Martínez en la vida real-,  también experimenta el proceso de encontrarse a sí misma después de la viudez. Un personaje entrañable que vive en la nostalgia de tiempos pasados. Por su parte, Bárbara,  la hija mayor de la familia, interpretada por María del Barrio, regresa al pueblo un fin de semana para dar una grata sorpresa a todos. 

Querido jumpkater, no te contaremos mucho más de la trama con la esperanza de que puedas verlo  muy pronto proyectado en algún festival, pero sí que hablaremos un poquito de la estética que representa.

Que viva lo vintage

La primer pregunta que decidimos hacerles fue acerca de la iluminación escogida. Nos explicaron que las decisiones de iluminación las determinaron el director de fotografía, Antonio Sanz, y Julu, parte creativa del proyecto. Para acercar visualmente la trama al espectador, ambientada en los años 2000, decidieron usar un filtro, el Pro Mist, que difumina las sombras y que satura bastante los colores, buscando retratar un ambiente nostálgico, que “alertase” al espectador de la época tratada. El aspect ratio también es curioso. La imagen está grabada en 4/3, precisamente porque en los 2000 se hacían las cosas con ese formato. Es, sin dudarlo, un guiño a la época, a la imagen tomada en esos años y a los valores que entonces se entendían.  En efecto, existe una coherencia entre todas las decisiones de producción, que refuerzan la idea plasmada en los diálogos: es una misma idea narrativa y audiovisual; fondo y forma confluyen.

Un TFG tirando al mediometraje

Jugando con el límite universitario, los creadores optaron por el riesgo de hacer un cortometraje bastante largo, 27 minutos más o menos, con todo lo que ello supone. En otras palabras, cuantas más horas grabes, más horas hay de postproducción después y más posibilidades hay de cometer errores. Añadido, todo ello, al estrés que supone un TFG cualquiera. En base a esto, nos comentaron que no habían tenido que variar mucho el guión original para adaptarlo a los límites universitarios; solo tuvieron que acortar algunas escenas, precisamente para no pasarse del máximo permitido por la universidad: 25 minutos. Parece que esos 27 minutos fueron permitidos, por suerte para todos.

Os confesamos que nuestra escena favorita tiene lugar cuando el joven protagonista masculino y su compañero de clase, sin tener clara su sexualidad ni lo que sienten realmente, se besan bajo un Toro de Osborne. Es el futuro frente al pasado. El avance generacional frente a lo obsoleto. La vanguardia frente a lo tradicional. Es una escena de contrastes.

Para finalizar el círculo perfecto, creado entre lo técnico y lo ligado a la historia, ofrecieron por el precio de dos euros, una carátula de VHS del corto, con un link a Vimeo y dos postales. Julu y Andrea, demostraron mejor que nadie, que todas las piezas cuentan.

 

Rocío Montaño: “Tendría que ser tan común leer a Lorca como ver Lizzie McGuire”

El pasado 24 de octubre tuvimos la oportunidad de conocer a una ex estudiante de la Universidad Carlos III de Madrid y a una gran cineasta. Rocío Montaño debutó como dramaturga, como ella dice, con sus primos y hermanas en el corto  “Camisa Verde”. A esta obra le seguirían otras tantas hasta que por fin llegó su TFG “No hablo rumano”.

Para rodar su TFG, Rocío viajó a Rumanía con Bogdan,  un amigo que conocía de cuatro días y que aseguraba tener ascendencia gitana. Cámara y ganas en mano, fueron juntos a averiguarlo por diferentes pueblos rumanos asociados con el chico. 

Tras el visionado, Rocío nos confesó que no resultó ser tan buen amigo como parecía y el orgullo y la arrogancia del chico se tornaron insoportables. Al final, ella misma se convirtió en el objeto etnográfico del estudio y lo que parecía ser un film sobre Bogdan se convirtió en un film existencialista sobre la propia autora. 

Uno de los mayores obstáculos de la cineasta en estas tierras era el idioma: ella no sabía hablar rumano como deja bien claro en el título y casi nadie hablaba fluidamente el inglés, por lo que continuamente se sentía “atrapada y sin voz”. A todo esto hay que sumar el machismo que ya se palpaba al saludar a las mujeres: “En Rumanía, los hombres se dan la mano y a las mujeres ni las saludan”.

Al finalizar el coloquio, Rocío respondió a nuestras preguntas sin dejar de lado la tímida sonrisa que parece tener tatuada. Rompimos el hielo interesándonos por su impresión tras dar el salto del corto al largo: para Rocío no hay mucha diferencia, al menos en la escala en la que ella trabaja. Según ella: “simplemente vas montando la película y dura más”.

Y ya que teníamos a una veterana de nuestra carrera delante, aprovechamos para preguntarle qué opinaba sobre la educación universitaria en la materia de cine. Coincidimos totalmente con su respuesta: “Me parece que el cine está muy mal enseñado en esta carrera. Algunas asignaturas me salvaron un poco y me aportaron nuevas perspectivas”. Para ella, el cine se estudia de forma superficial y narrativa, pero es necesario relacionarse de otra manera con las imágenes audiovisuales y ampliar la perspectiva de los estudios de cine situándolos en el centro y motivando a los alumnos para que se empapen de cine y no se estudien de memoria títulos sin más. “Habría que tratarlo con más respeto al cine”.

“No hablo rumano” fue seleccionado para varios festivales, entre ellos, DocumentaMadrid o Cinespaña Toulouse. Sorprendentemente, en un principio Rocío quería mantener en secreto el film, “Yo pensaba: ¿qué pasa si Bogdan lo ve?”, nos comentaba entre risas. Pero finalmente agradeció a la gente que la apoyó y la animó a presentar su mediometraje a tantos festivales para que muchas personas disfrutaran con su trabajo.

¿Pero qué tiene entre manos Rocío? Actualmente está editando una película sobre las vacaciones con su familia en el campo en la que han grabado sus hermanas o su madre. Le encantaría repetir la experiencia y presentarla a algún festival, aunque sea un poco larga para los exigentes y tiquismiquis programadores de estos eventos.

Después de la entrevista, lo más probable es que la cineasta se pusiera un capítulo de su serie favorita. ¿Pero por qué esa y no otra? Muy fácil: “es una serie que me encantaba de pequeña. Además esta montada de forma muy loca y creo que hay que reivindicar lo popular. Tendría que ser tan común leer un libro de Lorca como ver Lizzie McGuire.”

Aquí os dejamos el tráiler de “No hablo rumano” y otro corto de Rocío sobre un concierto: “Lights”.

 

ANDREA JAURRIETA: “El arte te tiene que hacer sentir algo, o dudar o algo”

Andrea Jaurrieta estrena Ana de Día, su primer largo, el 9 de noviembre en cines comerciales. Su ópera prima ha sido una de las seleccionadas para el 27º Festival de Cine de Madrid, con el lema “Yo también ruedo”, en referencia a todas las mujeres cineastas que se mantienen a la sombra de sus compañeros de profesión.

El equipo de Jump Kat no se quiso perder una cita tan especial y acudimos a la emblemática Sala Berlanga para cruzar unas palabras con la directora.

Sonriente e irradiada de flashes conversaba en el photocall con algunos actores y amigos que participaron en el film. Cuando las cámaras y las felicitaciones se despegaron un poco de ella, nos acercamos y la invitamos a salir fuera para comenzar la entrevista.

Andrea estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid y tiene el título de Arte Dramático en el Laboratorio de William Layton, donde actualmente imparte Historia del Cine. Ha dirigido siete cortometraje entre los que destacamos S.E.D (2009), que se llevó el premio final de carrera a la Mejor Dirección por la Universidad Complutense de Madrid; o el último, Algunas Aves Vuelan Solas (2016), ganador del concurso Navarra Tierra de Cine y seleccionado en varios festivales de carácter internacional.  

Nosotras no llevábamos ningún flash pero conseguimos que la luz de una farola iluminase un poco a nuestra entrevistada. Dimos al REC y rompimos el hielo preguntando a Andrea si estaba preocupada por la recepción de su primer largo. Pero ella lo tenía muy claro “Una vez está hecha la película no se puede cambiar. Además, el cine es muy subjetivo”, pero luego nos admitió que se pasa un poco mal.

Algo que nos llamó la atención de las protagonistas de las historias de Andrea es que todas tienen el mismo afán que Madame Bovary por encontrarse a sí mismas y liberarse de las imposiciones sociales. La directora aseguró que los conflictos por los que atraviesan sus personajes son los que ella misma tiene: “a veces sé que tengo que tomar un camino pero a veces me revelo y digo ¿pero por qué tengo que hacer esto?”.

Nos dejó muy claro que es de finales abiertos, prefiere escribir para espectadores reflexivos que sean capaces de rellenar una historia y rechacen los finales “muy masticados que no hacen pensar”.

¿Pero cómo se financió la película? El presupuesto fue bastante limitado, el gobierno de Navarra les dio una pequeña ayuda que podría ser para “la fiesta final del rodaje” La mayor ayuda la consiguieron a través de un crowdfunding (20 mil euros). Aún así, Andrea considera que el reconocimiento también le puede llegar a una película de bajo presupuesto, pero “el esfuerzo que hay que hacer es el cuádruple”.

El estilo de la película siempre “lo tiene en la cabeza” y pretende mostrar la forma en la que ve la realidad.

Se está produciendo un cambio en el mundo de los cortometrajes, pero como ocurre en todas las profesiones, los puestos de dirección y en esta en concreto el universo de los largos sigue teniendo nombre de hombre. “Por fin nos dejan entrar en este embudo en el que nos hacían parapeto”, todo gracias a las reivindicaciones de tantas mujeres luchadoras de las nuevas generaciones.

Próximamente veremos el nombre de la directora en un documental, en una comedia que escribe con una amiga y quizá en una adaptación al cine de una obra de teatro.

 

ANDREA JAURRIETA A FONDO

Tu idea de felicidad: Poder dedicarme al cine sin tener que romperme los cuernos por todo Madrid dando clases

Tu mayor miedo: Volar y las cucarachas

Un rasgo principal de tu carácter: Siempre estoy de cachondeo y soy muy nerviosa

Rasgo que aprecias en una persona: La honestidad

Tu héroe o heroína favorito: ¿Se vale mi abuela?

Escritor favorito: Sartre, me he leído mil veces “La náusea”

Película que siempre recomiendas: Annie Hall

Rincón favorito del mundo: Retirada de él

Lema: “Eres un cuentacuentos, no te flipes”. Hay que ser humilde en esta profesión.

Sueño por cumplir: Ganar Cannes.

Inés París: “El sexo determina tu carrera profesional. En el caso de las mujeres, de manera negativa, como un peso”

Quedaban diez minutos para que empezase la película cuando apareció, sonriente y elegante, en la puerta de la Sala Berlanga. Tras atender a algunos amigos y conocidos, aceptó amablemente concedernos los minutos previos al comienzo de la película. Nos invitó ella misma a acceder al interior de la Sala, porque había «mucho ruido». Una directora es una directora siempre. Pendiente de todos los detalles.

Inés París (Madrid, 1962) es directora de cine, guionista de cine y televisión y creadora de series para Televisión Española. Destacan sus películas junto a Daniela Feherman, como Semen, una historia de amor (2005), o A mi madre le gustan las mujeres (2002), así como los títulos propiamente suyos, como Mi madre mató a mi padre (2016), Rivales (2008), o Miguel y William (2007). El Festival de Cine de Madrid rinde homenaje a toda su cinematografía, a sus cortometrajes y a sus largos.

En un tono mucho más cercano de lo que pensábamos, comenzamos a hablar con ella. Y realmente, estuvimos hablando más que otra cosa, porque la línea entre la altivez y la humildad es leve a veces, pero no en su caso. Nos contó que estaba contenta de que se revisasen sus películas bajo una cálida sonrisa. ¿Las causas? La dificultad de llevarlas a cabo y el poco tiempo para que las vean sus familiares y amigos.

Feliz en esta etapa de su vida, señala que lo interesante de una película cuando se revisa, como sucede con las suyas en el Festival,  es saber que están haciendo una foto fija de la sociedad de esa época y que servirá, en un futuro, como un testimonio de las cosas que allí se vivían, del ambiente que se respiraba, de los temas que la gente hablaba. Por ejemplo, su película A mi madre le gustan las mujeres trata el tema homosexual, tema tabú casi en nuestros días también, mucho antes de que en España se aprobase el matrimonio entre personas del mismo sexo. Aprovechamos para decirte que si no la has visto, querido jumpkater, es momento de hacerlo. Se aborda la sexualidad desde una perspectiva novedosa y muy cómica: la inclinación sexual verdadera descubierta en la madurez.

“yo, en general, disfruto mucho de lo bueno de la vida”

Precisamente hablando de Daniela Feherman, nos transmitió su cariño y admiración por ella, a parte de admitir que si bien valora mucho su etapa posterior al tándem, cuando trabajaban juntas llegaban a «un punto de fusión» tal que se terminaban las frases la una a la otra. «Trabajar con Daniela me enriqueció enormemente».

Casi al final de nuestra breve charla había llegado el momento de hablar de trabajo y mujeres, una unión no siempre favorable, aunque haya mejorado bastante en los últimos años. Hemos abierto la entrevista con una cita suya contundente. Como ella misma dice: «Me he enfrentado a muchos desafíos personales y profesionales, y estoy 100% segura de que, si hubiera sido un tío, me habría sido todo mucho más fácil». La brecha profesional entre hombres y mujeres es bastante amplia bajo su criterio, aunque reconoce algunos privilegios, como haber tenido acceso a los estudios o ser blanca. Además de estar bajo una familia que siempre le ha ayudado y le ha enseñado que, como mujer, iba a tener que enfrentarse a muchas cosas a lo largo de su vida.

Se despide de nosotras con un simple «un gusto», sabiendo que el gusto real era el nuestro.