Lo bueno si breve… Mejores cortos españoles del año

No es presuntuoso ni exagerado decir que el cortometraje en España, si no ninguneado, solo se entiende como lanzadera de directores y artistas emergentes: como si una vez alcanzado el cierto prestigio que en algunas ocasiones proporciona el largometraje, retornar al corto sea un sacrilegio inexplicable, una pérdida de tiempo o el descenso a los infiernos artísticos. Esta opinión no solo corresponde al populacho, sino que muchos cineastas españoles piensan de igual manera; el año pasado, sin ir más lejos, Néstor Ruiz Medina, nominado al Goya por Baraka (2017), confesaba que su ambición es hacer largometrajes.

Precisamente aquel año ganaba el Paco a Mejor Cortometraje de Ficción el director ya consagrado (en la película de más de 60 minutos, ¡cómo no!)  Rodrigo Sorogoyen, uno de los pocos cineastas que no se olvida del cine de formato breve y suele alternar una pieza de larga duración con otra de corta, si bien es cierto que su último trabajo producido, Madre (2017) le ha servido como punto de partida para su próxima película homónima. Pero pónganse a pensar y díganme que otros directores españoles célebres realizan con cierta frecuencia piezas de menos de media hora, sin contar, claro está, el cortometraje publicitario en alza, en cuyas redes ya han caído Kike Maíllo (el experto en este género con cuatro piezas sonadas, se dedica más a la publicidad que al cine), Alejandro Amenabar en modo Doña Manolita (tampoco sería justo olvidar la aberración que hizo para cierta marca de cerveza levantina con la que nos recordó a sus otrora fans que su estrella está apagándose), Daniel Sánchez-Arévalo o el mismísimo Scorsese, que hizo un spot de nueve minutos para Freixenet, bastante ingenioso, donde huye de la sensiblería y los trucos baratos a los que se suele recurrir en este género de subcinematografía para grabar un pseudo-documental ficcionado al estilo Alfred Hitchcock, pero solo el bueno de Martin es capaz de disimular lo evidente.

Algún que otro realizador habrá (recuérdenoslo en los comentarios), desde luego,  sobre todo más allá de nuestras fronteras, donde el cortometraje y el mediometraje, sobre todo en Francia, gozan de un apoyo mucho mayor, tanto por las instituciones públicas como por el público en general, con canales en abierto que programan frecuentemente, exhibiciones en cines y páginas web tan potentes como UniFrance que dedican grandes esfuerzos por su difusión. Algo envidiable, porque como bien dijo Baltasár Gracián, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”; y para buenas experiencias audiovisuales, las siguientes cinco obras del cine español que luchando contra los elementos (en forma de escasas ayudas públicas, una paupérrima infraestructura de exhibición y el escaso prestigio) han visto la luz en el 2018 o a finales del año pasado:

1. Soy una tumba

“Esto es algo que llevas en la sangre: traficantes hay muy pocos, contrabandistas muchísimos”, con estas palabras (en gallego, eso sí) sacadas de lo que parece una grabación radiofónica que no he conseguido ubicar, comienza el segundo cortometraje de Khris Cembe, tras Viaje a pies (2015), donde perfecciona su animación en dos dimensiones de pincel finísimo, de una expresividad muy particular para contarnos, en dos historias que aúnan pasado, presente y futuro la existencia de un niño marcado por la actividad delectiva a la que se ve abocado su padre. El corto, que no dura ni un cuarto de hora, reúne todos los elementos de las grandes obras: carácter, sentimiento, personalidad, un tema coral que convierte la banda sonora original en algo tan bello como la imagen y la voz en off de Miguel de Lira, la guinda lírica de este pastel amargo.

No me extraña que una productora tan potente como la francesa Autour de Minuit haya decidido coproducir junto a UniKo, productora bilbaína que ha participado en mucho de la mejor animación española de los últimos años. Una mención especial merece su CEO Iván Miñambres, productor de entre otros, la poderosa obra de Alberto Vázquez (con el que Khris Cembe suele colaborar como animador, de hecho, su nombre aparecen en los agradecimientos de Soy una tumba), doble ganador del Goya por Decorado (2016, cortometraje) y Psiconautas, los niños olvidados (2015). Miñambres muestra un cariño y un cuidado por el proceso de creación que está dando maravillosos resultados: La noche (pinche el link para ver el tráiler), ópera prima del también animador gallego Martín Romero, bien podría estar en esta lista de los cinco cortos españoles del año, pero como al final he decidido apostar por una mayor diversidad, pues lo nombro aquí. Si les gusta el film de Cembe, échenle un ojo a esta historia de amor y celos que atraviesa todas las fases de la luna en un puñado de minutos con un trazo de dibujo simple pero muy hermoso: un cuento color de rosa con un trasfondo muy oscuro.

2. Matria

No nos vamos muy lejos para ver nuestro segundo corto, Matria, que transcurre también en tierras gallegas. La vida de Ramona no es fácil, tiene que soportar a una jefa tirana en un trabajo de mierda y a un marido inútil que no le aprecia, Álvaro Gago retrata la historia de su protagonista con la misma crudeza que los mejillones que enlata ocho horas diarias (espero que no sean más) en la fábrica donde se halla esclava, pero esa crudeza, acompañada de los grises y los verdes pálidos típicos de la  Galicia rural, se embellece por los encuadres escogidos con inteligencia y por algún que otro plano fijo prolongado de inusitada belleza, especialmente remarcable, por la cotidianidad que refleja, aquel en el que vemos a Ramona descender la cuesta de su casa en bicicleta, mientras otras vecinas currantas salen de su casa para ir a trabajar.

Esperamos ansiosos su segundo cortometraje, Vigo, 16 de septiembre, que está en fase de producción.

3. Una noche con Juan Diego Botto

Tras dos buenas dosis de drama, nos deslizamos al pantanoso territorio de la comedia autoparódica; los guionistas Teresa Bellón y César F.Calvillo, traen su tercera entrega de “pon en una situación incómoda a un famoso al azar” tras Cariño, me he follado a Bunbury (2016), algo tibio y muy corto (como la vida de Alvy Singer, insípida y breve), pero que arrasó en el popular Jameson Notodo Filmfest de aquel año y un más tibio (casi frío) pero no tan corto No es fácil ser…Gorka Otxoa (2017), donde la víctima en cuestión ya paga los platos rotos: sí, Gorka Otxoa vuelve a hacer de pagafantas y en esta ocasión ni siquiera con una mina lianta, si no con un moribundo insufrible. Ahora le toca el turno a un Juan Diego Botto que se siente comodísimo ridiculizando sus posturas comprometidas con los más desfavorecidos junto a una Cristina Soria, que si menor en fama, igual en prez. Narrada con buen pulso, la velada deja alguna de las escenas más desternillantes del año.

4. Aliens

Nos adentramos ahora en el muchas veces soporífero, algunas emotivo (otro grato descubrimiento de este año es el corto de Maria Elonza  Ancore lucciole [Aún luciérnagas]  y otras altamente magnético terreno del documental “experimental”, Aliens de Luis López Carrasco donde se hace repaso de las venturas y desventuras de Tesa Arranz, musa de la Movida Madrileña, formaría parte del tercer grupo.

Sin ningún tapujo, y con poemas de juventud y acuarelas y retratos entre lo figurativo y lo abstracto de personajes ochenteros tan variopintos como Fabio McNamara Alaska como telón de fondo, Arranz hace repaso de sus pecados, de sus amistades y desemistades con todo el que se cruzó en su camino aquellos años, hace apología al consumo de drogas, confiesa sus enfermedades mentales y sus postreros deseos: conocer a un alienígena (o serlo, quien sabe) y morir.

5. Los inocentes

A falta de noche, un delito cometido sin premeditación pero con nocturnidad es el preámbulo de nuestro quinto corto. Dirigido por Guillermo Benet, se trata de un puzzle en torno a la culpa de un crimen casual donde una chinita acaba convirtiéndose en la piedra de Sísifo. El mayor atractivo es el rompecabezas que supone el montaje, con idas y venidas, partes volteadas y alguna pieza perdida. El desconcierto del inicio (aumentado por el formato vertical, similar al resultado de grabar con un teléfono móvil pero un pelín más rectangular) va volviéndose poco a poco en atracción y repulsión hacia los personajes y en interés por conocer el envés de la historia. El corto se pudo ver, como también Aliens y La noche, hace unas semanas en Alcine, el Festival de Cine de Alcalá de Henares.

Ver estas obras no siempre es fácil, ya que no suelen tener pases en cines comerciales y las proyecciones en filmotecas y academias tampoco abundan. Sin embargo, de los aquí citados, Movistar+ posee los derechos de Soy una tumba y La noche, FilmIn también dispone de un amplio catálogo de cortometrajes como el mencionado de María Elorza, uno de los pros, junto a su apuesta por el cine de autor, que hacen tan recomendable esta plataforma de VOD. Y seguro que antes o después los cortos aquí citados son ofrecidos al público por sus autores o adquiridos por algún operador, mientras tanto, vean corto, disfruten del cine.

Los Oscars de 1963: Jamás existió una enemistad como la suya

Esto es lo que nos cuenta Feud, la última creación de Ryan Murphy de la mano de Jessica Lange y Susan Sarandon

“Anne Bancroft por El Milagro de Ana Sullivan”. Al tiempo que el nombre de la actriz se hacía eco en la sala principal del Santa Monica Civic Auditorium, Joan Crawford dejaba caer su cigarro al suelo apagándolo de un taconazo. Cabeza bien alta, cuello estirado y una sonrisa cargada de malicia, recogía el Óscar que nunca le pertenecería y que deseaba con todas sus fuerzas. Mientras tanto, Bette Davis seguía recuperándose del shock. Por un momento, la mujer con más carácter y quizás talento de Hollywood pensó que había vuelto al ruedo.

¿Qué fue de Baby Jane? será la única obra cinematográfica capaz de reunir a dos leyendas enemigas en un momento en el que sus carreras estaban estancadas: Joan Crawford y Bette Davis. Ambas vieron esta oportunidad como el salvavidas capaz de reflotar su consideración de estrellas. Sin embargo, a diferencia de su compañera de rodaje, Crawford no será nominada por su interpretación coprotagonista; pero una llamada al resto de actrices nominadas pidiendo recoger el galardón en su lugar en caso de que ganasen será la derrota personal, en forma de humillación, que Crawford le hará sufrir a su rival. Por su parte, Bette Davis podría haber hecho historia, podría haber sido la primera actriz en  ser galardonada con tres premios de la Academia (antes de que Katherine Hepburn obtuviera otros tres Óscars convirtiéndola en la mejor actriz del cine clásico, con un total de cuatro premios).

Así  es cómo Crawford sació su deseo de sentir el tacto de la estatuilla dorada por última vez al mismo tiempo que demolía el pedestal de Davis. Una jugada redonda que una vez más terminó con todos los flashes apuntando hacia su tocado, plateado, en la noche del 9 de abril de 1963. Jamás se había preparado tanto para una gala.

Joan, disciplinada y estricta a la vez que obsesa de la limpieza y el orden, no quiso a nadie que no fuese a sí misma. Ni a sus hijos ni a sus maridos. Empezando con un lavado de imagen al crearse el nombre de Joan Crawford dejando atrás a Lucille Fay de Soeur, siempre sintió la necesidad de hacerse respetar. En la cumbre de la Gran Depresión era la actriz a la que todos adoraban y que los hombres más deseaban, pura belleza. Con expresiones faciales marcadas y un rigor inigualable, había nacido para ser apuntada por una cámara, aunque su mejor inversión será su matrimonio con el presidente de Pepsi Cola Alfred Steele del que quedará viuda, convirtiéndose en directora de la compañía durante un tiempo (y heredando también las deudas). Su vida se resume en una mujer dada a sus fans que siempre supo moverse en una industria marcada por el dominio masculino al que se sometió con una increíble superficialidad.

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Bette Davis y Joan Crawford en el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane?

Bette era el talento en persona. Desde sus comienzos en Broadway demostró su perfeccionismo mostrando sus increíbles habilidades, las cuales le sirvieron para cambiarse de industria a la costa oeste. La actriz enseñó su fuerte carácter siempre que pudo. No solo tendrá grandes enfrentamientos con directores, ejecutivos, etc., sino que será la primera en romper el sistema de contratos de los estudios al huir a Londres y demandar a la Warner en 1936. Aseguraba que se había estancado en papeles mediocres y se negaba  a cumplir el largo plazo que imponía el star system. El caso fue resuelto en contra de Davis, la cual tuvo que regresar a Hollywood con la Warner, pero no sin dar pie a que se dieran más casos similares, como el que sucederá en 1943 con su amiga y también actriz Olivia de Havilland. Lo cierto es que este conflicto dio comienzo al periodo más exitoso de su carrera.

Pero para entender la enemistad hace falta remontarse a sus inicios en los 40’. Durante la guerra, Bette era una estrella en auge en la Warner, haciéndose con los mejores papeles. En los cuatro años anteriores al comienzo del conflicto bélico alcanza su máximo reconocimiento al ganar dos Óscars por Peligrosa (1935) y Jezabel (1938). Al mismo tiempo, Joan empezaba a desvanecerse y se ganaba el apodo de “el veneno de las taquillas” por el escaso éxito de sus películas. Así es cómo Crawford no duda en dejar la Metro y firmar por la Warner en un intento de realzar su carrera. Y así lo hizo. En 1945 ganaba el que sería su primer y único Óscar por Alma en suplicio. También será este el filme en el que se realizará el primer emplazamiento de producto como tal en una película en toda la historia del cine. Esa escena en la que Joan se bebe una copa de Jack Daniel’s Bourbon Whisky le iba al pego. Siempre fue muy aficionada a la bebida.

Dos semanas antes de los premios de la Academia, Joan avisó de que no asistiría a la gala por una extraña enfermedad que la tenía postrada en la cama. La prensa hizo eco de su misterioso problema de salud y el jurado, quizás conmovido, se decantó por ella. Sin embargo, la actriz recibió la estatuilla en la cama con un aspecto magnífico y con pocos signos de encontrarse en el estado en el que aseguraba estar. La foto de aquel momento se convirtió en histórica y pocos días después se recuperó casi milagrosamente. Siempre fue una neurótica del éxito.

Joan Crawford recibe el Oscar en cama

El caso es que la actriz servía como garrote perfecto para que la Warner tuviera controlada a la niña rebelde de Bette. Ella tenía un poder inimaginable para cualquier mujer de su época. Era constantemente nominada al Óscar, era costosa, y Joan, además de ser el mensaje de la productora para Davis, era demasiado orgullosa como para quedarse con las sobras de su compañera. No hay espacio para dos mujeres en un pedestal, y ambas estaban determinadas a conseguirlo. A partir de su victoria, Joan interpretaba papeles consistentes de mujeres de cierta edad mientras Bette hacía de chicas florero.

La época de los 50’ y 60’ fue dura para las actrices más mayores. Al finalmente imponerse la ley antimonopolio sobre las cadenas de los majors, el studio system  se desvanecía y se buscaban mujeres de poca edad. Pero Joan y Bette lograron sobrevivir. La primera arrasó a pesar de rodar con coprotagonistas muy jóvenes (como en 1956 con Hojas de otoño) y la segunda consiguió otra nominación al Óscar por su papel en Eva al desnudo (1950). Sin embargo, a finales de los 50’, si bien eran titanes del cine, no se les presentaba ningún proyecto que les permitiera reinventarse y volver a dar otro salto, hasta que sucedió lo inesperado.

El rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? no fue para nada fácil. Ambas actrices se lo pusieron realmente difícil al director, Robert Aldrich, quien no dudó en situar los camerinos de ambas de forma equidistante con el plató. Un buen gesto conciliador por su parte. Una película de serie B que se vendía sola con la fuerte rivalidad de sus protagonistas y que hacía frente al cine protagonizado por chicas como Marilyn Monroe donde unas buenas piernas valían más que cualquier talento. Joan quería volver a ser la chica de moda y Bette un buen guión con el que demostrar sus habilidades. Todo esto a pesar de no tener la frescura de ser jóvenes, con edades que sumaban más de un siglo. Su enemistad era la mejor estrategia de marketing y desde Psicosis de Hitchcock el género de terror estaba en auge, y no había nada más terrorífico que Joan y Bette juntas en escena.

Crawford no tardó en situar una máquina expendedora de Pepsi Cola en el estudio. Siempre era un buen momento para hacer publicidad de su marca. Davis tampoco se quiso quedar atrás, respondiendo con otra máquina expendedora, esta vez de Coca-Cola. Los rodajes se vieron marcados por pequeños rifirrafes del estilo, pero ambas eran conscientes de que su unión era la única posibilidad de conseguir el último repunte en sus carreras.

Y así fue. La obra resultó un éxito rotundo y Bette disfrutó el éxito por las dos. Su interpretación de un personaje tan esperpéntico como ella le hizo brillar en las críticas. Y eso a Joan le ardía por dentro. Acababa de ser eclipsada por su archienemiga en un proyecto que ella misma había propuesto. La estocada final sucedió en el momento en el que se anunciaron las nominaciones a los Óscar: Bette era una nominada indiscutible y Joan, para su sorpresa, se había quedado fuera. Si nunca habían escondido su enemistad, a partir de ahora será la comidilla de Hollywood. Por suerte para Joan, las decisiones de la industria se movían más por contactos y encumbramientos que por transparencia y diligencia profesional. Y ahí entra en juego la prensa sensacionalista hollywoodiense y en especial el papel de Hedda Hopper (enemiga de la también crítica Louella Parsons), la llamada “serpiente de Hollywood”. No existía actor o actriz que no la temiese por sus duras críticas capaces de dirigir la opinión pública hacia el bando que desease. Si bien en un principio se dedicó a alimentar la rivalidad entre las actrices, llegado el momento decisivo no dudó en apoyar a Crawford en su campaña contra Bette. Además de que Joan y Hedda eran amigas ocasionales, Bette no había nacido en la industria, era una extranjera proveniente de Broadway, y era motivo suficiente para no merecer el galardón. Así comenzaron los preparativos para la humillación de Bette Davis en la gala de los Óscar de 1963, la tensión convertida en ambiente.

Fue uno de los mayores retos a los que me enfrenté. Lo digo de manera amable. Bette tiene un temperamento muy diferente al mío. Tenía que gritar todas las mañanas. Yo me sentaba y calcetaba. Calceté una bufanda que iba desde Hollywood hasta Malibú”, aseguraba Joan. Sin embargo, las dos leyendas tenían más puntos en común que diferencias. Joan compitió con Davis toda su carrera por hombres, papeles y portadas de revistas; pero las dos eran muy exigentes consigo mismas, querían hacerse respetar y necesitaban sentirse queridas. Por desgracia ellas no inventaban las normas por las que se regía Hollywood y demasiadas personas se beneficiaban de su enemistad. Ambas eran supervivientes.

Por su parte, Bette admiraba a Crawford: “Joan Crawford y yo nunca hemos sido buenas amigas. No somos agradables. La admiro pero eso no impide que me sienta incómoda junto a ella. Para mí es la personificación de la estrella de cine. Siempre he pensado que la mejor interpretación de Crawford es la de Crawford”.

Una el talento y otra la presencia, sabían que las dos maldiciones de ser una estrella de cine eran el alcoholismo y la soledad. Aunque lo segundo podrían haberlo solucionado con un cigarro y una copa de whisky.

PROFESORES, DE LAS AULAS A LA PANTALLA

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Profesor, el pasado 27 de noviembre, he querido hacer honor a los educadores/as que deben lidiar con sus alumnos- o al menos intentarlo.

Al hablar de profesores y profesoras, no dejan de resonar en nuestras cabezas los clásicos estereotipos: desde el que tiene cara de tan buena persona que no sería capaz de suspenderte un trabajo para el que llevas preparándote tres meses y…¡bingo, el 4 es para ti!, pasando por el que “te tiene manía” desde el primer día al pillarte cuchicheando con un compañero, hasta aquél que te saca una larga conversación cuando os saludáis por los pasillos. Ellos y ellas nos guían a lo largo de nuestra formación desde pre escolar hasta la universidad, que no dejan de ser entre 3 y 3 años y medio del tiempo total de nuestra vida. Puede resultarnos poco si consideramos que invertimos hasta 4 años haciendo colas de espera, como por ejemplo para asistir al cine. Aquí está mi propuesta para analizar más de cerca la función de los profesores desde la butaca.

  • La lengua de las mariposas (1999)


Dirigida por José Luís Cuerda, teniendo a Rafael Azcona como co-guionista y  a Fernando Fernán Gómez dando vida a un maestro de un pueblo gallego ¿qué más se puede pedir? Esta película nos sitúa en los momentos previos al estallido de la Guerra Civil española, en los que asistimos a una lucha de fuerzas: el pensamiento crítico que intenta plantear a sus alumnos Don Gregorio se verá interrumpido por la furia del Bando Nacional, que limpiará la aldea de cualquier resquicio de libertad.
A través de Moncho, el niño que siempre está preguntando a Don Gregorio, asistimos a varias lecciones de ciencias naturales cuyo doble sentido es aplicable a los comportamientos humanos. La carga dramática del film hará a más de uno soltar alguna lágrima.

  • El club de los poetas muertos (1989)


En este listado no podía faltar el clásico por excelencia.  Robin Williams en su papel de John Keating formuló una deconstrucción del modo de enseñar en las aulas victorianas de los 60. Gracias a él aprendimos que vivir el momento (carpe diem) es lo más importante de nuestra existencia, y se coló en nuestros corazones tocándonos la fibra más profunda. Nos hizo ver el lado más positivo de le enseñanza: la confianza que depositan maestros como él en sus alumnos, en el futuro.  ¿Quién no ha conocido a un profesor/a tan inspirador como él? Aquél con quien soñarías estar hablando horas y horas y que no se cansaría de adularte para que cambies el mundo, si no fuese porque en la vida real existen otras asignaturas que debes aprobar.

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha terminado,
La nave ha salvado todos los escollos, hemos ganado el anhelado premio,
Próximo está el puerto, ya oigo las campanas y el pueblo entero que te aclama,
Siguiendo con sus miradas la poderosa nave, la audaz y soberbia nave;
Más ¡ay! ¡oh corazón! ¡mi corazón! ¡mi corazón!
No ves las rojas gotas que caen lentamente,
Allí, en el puente, donde mi capitán
Yace extendido, helado y muerto.

  • En la casa (2012)


Otro profesor de literatura, en este caso Germain Germain interpretado por Fabrice Luchini, protagoniza este film francés inspirado en la obra teatral El chico de la última fila de Juan Mayorga. Con pedazos de drama, comedia y sobre todo intriga, este personaje descubrirá que existe esperanza a final de un túnel repleto de alumnos por debajo del nivel que espera, dándole la oportunidad de escribir una novela al chico rezagado que se sienta al fondo del aula: Claude García (Ernst Umhauer).
A partir de entonces el adolescente manejará al realidad a su antojo inmiscuyéndose en la intimidad de los hogares de uno de sus compañeros y de su propio profesor. La película nos transporta a una línea divisoria bastante difusa entre la realidad y la ficción dentro del relato, un juego que resulta cuanto menos sorprendente y atractivo, sin dejar indiferente a nadie. Probablemente por ello el jurado del Festival de San Sebastián le otorgó ese mismo año el galardón a Mejor película y mejor guión.

  • El indomable Will Hunting (1997)

Amada por gran parte de los espectadores, el terapeuta y a la vez profesor Sean McGuire, acompañará Will Hunting (Matt Damon) en su proceso de liberación de una alta carga emocional que le ha acompañado durante toda su vida. Gracias a ello, conseguirá desarrollar el gran talento que posee para las matemáticas.
Una vez más se nos presenta al maestro, interpretado por Robin Williams,  como mentor en los momentos más complicados de un alumno: la búsqueda de su propia identidad, de la mano del director Gus Van Sant. Se trata de un film que consigue conmocionarnos con frases como esta: “No sabes lo que se siente al perder a alguien, porque sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo.”.

  • La ola (2008)

Ha quedado claro que los profesores pueden ser gran parte de la fuente de inspiración que lleva a sus alumnos a emprender proyectos maravillosos, pero esa misma fuerza puede convertirse en algo no tan positivo. Para muestra, esta película.
En este drama el profesor, interpretado por Jürgen Vogel, intentará llevar a cabo un experimento para hacer comprender a una clase la forma en que actúan los gobiernos autoritarios. Pero las consecuencias de lo que empieza siendo una inofensiva tarea de del colegio acaban yéndosele de las manos hasta desembocar en sucesivos actos de violencia y delincuencia. Se trata de un film, inspirado en el experimento La tercera ola, que hace reflexionar al espectador sobre los fanatismos y sus límites, en una Alemania donde se da por sentado que un cuarto Reich no es posible. Su director y guionista, Dennis Gansel, se ganó la permanencia en la cartelera alemana durante 10 semanas.

Entrevista Irene Garmtz

Como ya os adelantamos en la publicación de ayer sobre la dirección fotográfica, hoy entrevistamos a una de las invitadas del Club Internacional de Cine, la directora de fotografía, Irene Garmtz. Pero, ¿Qué hace exactamente un Director de fotografía (DOP)? Muchos ignoran el importante papel que tienen estos maestros de la luz -en inglés llamados cinematographers- en todas las películas y anuncios que vemos. De hecho, la misma Irene bromea sobre ello diciendo que cree que ni su madre sabe muy bien en qué consiste su trabajo.

Le hemos preguntado sobre cómo encontró su vocación -no es habitual que cuando uno es pequeño diga “quiero ser director de fotografía”- y cómo ha logrado hacerse un hueco en la profesión siendo mujer. Independientemente del género, tampoco es fácil conservar un estilo propio frente a las presiones de los productores. Aun así, Irene lo consigue, impregnando sus proyectos de ese “deje” que la caracteriza.

 

Sobre la dirección fotográfica

La Biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid inicia este año un nuevo proyecto que ya ha cautivado a varios estudiantes: el Club Internacional de Cine. Irene Garmtz fue la invitada de la semana pasada e impartió el pasado miércoles una sesión sobre la dirección fotográfica en una rebosante sala multiusos.

Irene comenzó enseñándonos la influencia de la iluminación en la manera de caracterizar a un personaje. Así, Marlon Brando tiene un aspecto muy distinto en El Padrino y en El último Tango en París aunque ambas películas sean del mismo año (1972)de forma que la luz ayuda a definir ciertos rasgos de un personaje que el espectadora vinculará a una personalidad determinada. La narrativa va de la mano de la fotografía.

Tras aclarar el concepto de dirección fotográfica, algo nublado en la mente de algunos estudiantes, Irene guió a los allí presentes por un recorrido con paradas en sus tres películas favoritas desde la perspectiva  fotográfica: The Neon Demon, Mommy y Una chica vuelve sola de noche. Su elección fue muy acertada para mostrar los diferentes tipos de filtraje en cámara o recursos fotográficos empleados por los directores de fotografía de sendas películas.

En una escena de The Neon Demon en la que los comentarios de los personajes resultan muy impostados y falsos, la iluminación se acompasó  a la narrativa con luces de neón muy irreales en el baño de una discoteca haciendo honor al título de la película. Irene nos reveló que gran parte de las escenas de esta película se consiguieron aplicando vaselinas en el objetivo de la cámara, en su mayoría angulares para sugerir una sensación de claustrofobia en el espectador.

El caso de Mommy es de los más impactantes: el encuadre de la película acompaña a los sentimientos del protagonista, un niño afectado por la enfermedad de su madre que al principio se nos presenta como muy cohibido. Pero en un determinado momento- lamentamos el spoiler estético- dicho encuadre se rompe mientras el niño monta en su skate con un Oasis más liberador que nunca sonando de fondo. También hay que resaltar el contraste entre la luz natural que ilumina a los personajes durante la mayor parte del metraje y una escena en la que la luz está coloreada artificialmente.

El último film de la trilogía fue Una chica vuelve a casa sola de noche, con una fotografía dominada por el blanco y negro que contrasta a la perfección con las otras dos películas que nos expuso Garmtz.

A las directoras de fotografía también les toca vivir con ese dejà vu que las impide tomar las riendas en muchas grandes producciones o en largometrajes, quedando relegadas al ámbito de la publicidad o de los mediometrajes. Y para erizar todavía más el vello, destacamos que ninguna mujer ha ganado el Oscar a Mejor Dirección Fotográfica y que solamente una ha estado nominada a un Goya, Cristina Trenas, por New York Shadows.

“Esta categoría siempre ha estado muy dominada por hombres, así que estoy entusiasmada, no me lo creo; no es un tópico decir que para mí, la nominación ya es el premio”, estas fueron las primeras palabras de Cristina tras recibir la expectante noticia. New York Shadows, la película que  llevó su nombre a lo más alto “es muy experimental y de bajo presupuesto, de hecho éramos un equipo hiperreducido y desde el principio supimos que todos íbamos a tener que hacer de todo”, señaló Trena.

Como se ve, la mayor parte de nombres que aparecen en los créditos de cualquier película que nos terciemos a ver son hombres, pero no porque a las mujeres no nos interese este mundo y prefiramos no formarnos ni dedicarnos a él. Las profesionales de este sector ven inalcanzable llegar a formar parte del equipo de una superproducción, por lo tanto, están escondidas pero a la vez dando mucha guerra en pequeñas producciones o en cortos como se ha dicho, mientras que el punto de vista de las grandes películas lo ofrecen ellos.

Cristina opinó de su nominación, allá por 2014, que “supone un gran paso en la normalización de la presencia de las mujeres en esta especialidad, los académicos han vencido el machismo del que muchas veces se les acusa y han considerado el trabajo de una mujer en una película pequeña”.

Tras este paréntesis reivindicativo, vamos a repasar las 12 películas con mejor dirección fotográfica para Scout Tafoya, que publicó una lista en Fandor tras encuestar a seis críticos y expertos en cine.

EL ÁRBOL DE LA VIDA’ (TERRENCE MALICK, 2011)

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Director de fotografía: Emmanuel Lubezki.

‘APOCALYPSE NOW’ (FRANCIS FORD COPPOLA, 1979)

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Director de fotografía: Vittorio Storaro.

‘BARRY LYNDON’ (STANLEY KUBRICK, 1975)

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Director de fotografía: John Alcott. Destaca el trabajo de Alcott al iluminar la película únicamente con luces naturales como la de las velas.

DÍAS DEL CIELO’ (TERRENCE MALICK, 1978)

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Directores de fotografía: Néstor Almendros y Haskell Wexler. Esta película fue rodada únicamente durante “la hora mágica”, que se corresponde con la puesta de sol.

‘LOS VIVIDORES’ (ROBERT ALTMAN, 1971)

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Director de fotografía: Vilmos Zsigmond. El estilo está definido por una paleta pastel destilada con filtros dobles y humo.

‘EL CONFORMISTA’ (BERNARDO BERTOLUCCI, 1970)

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Director de fotografía: Vittorio Storaro. Se emplean tonos azules como símbolo de libertad.

‘2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO’ (STANLEY KUBRICK, 1968)

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Director de fotografía: Geoffrey Unsworth.

‘LA NOCHE DEL CAZADOR’ (CHARLES LAUGHTON, 1955)

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Director: Stanley Cortez.

‘LAS ZAPATILLAS ROJAS’ (MICHAEL POWELL Y EMERICH PRESSBURGER, 1948)

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Director de fotografía: Jack Cardiff.

‘EL CUARTO MANDAMIENTO’ (ORSON WELLES, 1942)

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Director de fotografía: Stanley Cortez.

‘CIUDADANO KANE’ (ORSON WELLES, 1941)

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Director de fotografía: Gregg Toland

‘AMANECER’ (F.W. MURNAU, 1927)

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Directores de fotografía: Karl Struss y Charles Rosher.