CINE ENTRE PERFECTOS DESCONOCIDOS

Hamacas, sillones, un ambiente distendido en el que todo invita a intercambiar opiniones sobre los cortos exhibidos en pantalla con el desconocido de al lado. Esta fue la atmósfera creada el pasado lunes en la Sala Equis, lugar donde se celebró el segundo encuentro del Short Cut Cine Festival en Madrid.

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“La idea de Short Cut es poder compartir el cine en formato corto con gente a la que, probablemente, no conozcamos. Por eso, está dividido en dos partes, para que podáis comentarlo y hacer amigos”

Palabras de uno de los organizadores, al inicio del evento

Entrar a este pequeño paraíso para cualquier cinéfilo con ganas de una buena conversación y de conocer a gente interesada en este mundo, solo pensado para desgraciados y locos, se ofrecía a un módico precio de cinco euros. A cambio, quien asistió pudo disfrutar de dos horas de cortometrajes con temáticas, estilos y nacionalidades dispares; de un chupito de Jagger e, incluso, de una botella entera, en el caso de haber sido el agraciado con el número ganador del sorteo. Este se celebró en el descanso de 15 minutos, entre la primera y la segunda tanda de los 9 pequeños pasajes audiovisuales seleccionados.

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Los cortometrajes de la primera parte fueron Yardbird, Flatmates 3.0, Local, Morales yLa huida.

 

Yardbird (Michael Spiccia, 2012)

El corto australiano, escogido para iniciar la sesión, tiene como protagonista a Ruby, interpretada por la joven Mitzi Ruhlman, una niña que parece tener un cariño especial por los animales y que esconde algo terrorífico tras sus bonitos ojos azules. Fue seleccionado por el Festival de Cannes para ser uno de los cortos a concurso en la Sección Oficial.

Flatmates 3.0 (Francesco Marisei, 2011)

Marisei consigue, en tal solo 30 segundos de cinta, transmitir perfectamente cómo de aisladas pueden llegar a ser las convivencias entre jóvenes en el siglo XXI, con el Internet de por medio. Su cortometraje fue el ganador del Gran Premio del Jurado a la Mejor Película en la novena edición de Jameson Notodofilmfest.

Local (Sean Slobodan, 2015)

Un reflejo a través de la mirada de la lente de los skaters locales de los pueblos de Salt Lake y Utah, con una fotografía muy cuidada.

Morales (Roger Villaroya, 2013)

Morales hemos sido todos nosotros cuando no eramos capaces de concentrarnos en clase, de pequeños, ¿pero que esconden la mirada de esos grandes ojos marrones? Un cortometraje entrañable y tierno de un director con un recorrido notable en el mundo del audiovisual, donde su nueva película Nana está recorriendo los festivales en la actualidad.

La huida (Víctor Carrey, 2013)

11 minutos de enredos, de continuas explicaciones de forma rápida, con un ritmo muy marcado y muy cercano al buscado por Wes Anderson es sus producciones. La huida te redescubre las constantes formas de ver o dar sentido a una acción tan sencilla como la caída de un billete en una acera cualquiera.

El cortometraje de Carrey ha conseguido ganar 80 premios y ser seleccionado en más de 200 festivales.

 

El descanso de 15 minutos llegaba, y con él el prometido chupito de Jagger. Una vez compartido algunas ideas en grupo y descansado, se dio paso a los restantes cuatro cortos: Nyosha, Breathe, iDiots, y Voltereta.

 

Nyosha (Liran Kapel y Yael Dekel, 2012)

Una historia basada en las vivencias reales de una superviviente del Holocausto, la polaca Nomi Kapel. Los directores combinan a la perfección la técnica de stop-motion y la animación 2D, para crear un cortometraje muy sentido y cuidado, en el que con imágenes muy concretas y apenas algunos títulos de texto consiguen transmitirle al espectador el infierno que sufrieron los judíos en la Segunda Guerra Mundial.

Breathe (Toby Meakins, 2013)

Este corto está realizado bajo la premisa de que a veces aguantar la respiración es una forma que tenemos para parar el mundo ¿Y si esta simple acción, nos diese acceso a otro nuevo mundo? Se trata de un experimento que el director emprendió a partir de técnicas de cámara, y sin apenas edición, para ver cómo era la reacción de la audiencia de cara a realizar una película.

iDiots (Big Lazy Robot VFX, 2013)

Una sátira de la obsolescencia tecnológica en forma de cortometraje audiovisual de 4 minutos de duración. Es gracioso verte tan bien representado en un robot que cae, sin descanso, en la misma trampa de la que no parece haber escapatoria.

Las palabras de la productora señalan, al fin y al cabo, que todos tenemos a un iDiotdentro y que verlo es muy divertido.

Voltereta (Alexis Morante, 2010)

El cortometraje escogido para despedir el evento tiene un toque del todo español, a través de un personaje como es el del abuela con el famoso bocadillo de Nutella o Nocilla para alegrar la merienda del nieto, del Colacao, de las referencias a los extranjeros como si lo que ellos hiciesen fuese “hablar raro”…Fue rodado en la estancia de Morante en Nueva York, quien consideró que debía aprovechar las vistas del skylineen alguna de sus producciones.

 

Y entre respiros, billetes y volteretas se pasaron las dos horas de encuentro. Los aplausos finalizaron la sesión, premiando a la organización y a los realizadores de los cortometrajes.

Cines de Madrid desaparecidos

La Gran Vía madrileña nació en 1910, y desde entonces no dejará de crecer hasta nuestros días, convirtiéndose en la mítica calle que lleva al cielo a todos los madrileños.

Pero antes de ser una jovencita con emblemáticas discotecas y una señora con majestuosos teatros, esta calle se desarrolló debido al auge del cine tras la guerra civil.

Durante los años 20 y 30, los cines de esta calle acogían los clásicos norteamericanos en sus lujosas butacas y enormes cartelones en sus fachadas.

Poco a poco, el séptimo arte se convirtió en el pasatiempo preferido de los madrileños, que deslumbrados por las luces de neón y las estrellas que aparecían en la gran pantalla (ignoraban de qué iba la película, quién era el director o el guionista) se quedaban horas y horas disfrutando de las historias que contaba el proyector.

José Luis Álvarez Fermosel, escritor y periodista, describía con estas palabras el sagrado acto de acudir a los cines de Gran Vía: “Dicen también que se han cerrado, o se van a cerrar algunos cines. Sería penoso. Los estrenos en los cines de la Gran Vía de las películas que nos llegaban de Hollywood con bastante retraso constituían un acontecimiento social. La gente se vestía como para una fiesta para la sesión de la noche. Muchas señoras lucían en invierno abrigos de visón. Todas se maquillaban, perfumaban y enjoyaban concienzudamente. Los caballeros iban de oscuro. En verano se usaban atuendos más livianos, pero la corbata era imprescindible para los señores. Los cines de la Gran Vía… El Palacio de la Prensa –arriba está la Asociación de la Prensa-, el Capitol, el Callao, el Coliseum… Eran caros, ¡pero tan cómodos, tan bien puestos, tan elegantes…!”

Pero paulatinamente los estrenos fueron perdiendo fuelle y muchos cines de esta y otras tantas calles de la ciudad acabaron por cerrar sus puertas y tuvieron que buscarse otro oficio. Muchos lograron salir al paso y se convirtieron en centros comerciales o edificios de viviendas. Otros, los más suertudos, mantuvieron la mayor parte de su infraestructura y sustituyeron las enormes pantallas por escenarios. Y los más miserables solo encontraron la función de contemplar  cómo los mismos carteles que causaban furor entre los madrileños ahora se desgastaban por la lluvia, por el sol y por el polvo.

A continuación vamos a recordar diez cines de esta ciudad que cerraron sus puertas para convertirse en algo distinto (pero nunca mejor).

El cine Actualidades, situado en Gran Vía, 48, uno de los primeros cines de sesión continua de la ciudad,  actualmente es el estudio de arquitectos de Rafael de la Hoz. La función de este cine era “enseñar deleitando”, por lo que se solían exhibir documentales y noticiarios de todo el mundo.

El cine Aragón, en la calle Alcalá, no ha perdido la magia de las historias, pero eso sí, nada de directores de renombre, esta vez las crearán los niños que vayan a la juguetería en la que se convirtió el local.

El cine Bogart, en la calle Cedaderos, llegó a albergar dos ediciones del Festival LesGaiCineMad y se convirtió en un símbolo del movimiento “okupa” en 2006 para visibilizar los problemas de la vivienda en Madrid. Posteriormente cuatro empresarios lo transformaron en un cabaret de lujo.

En cuanto al cine Bilbao de Fuencarral, su nombre cambió a Bristol. Hoy en día es un OpenCor.

El cine Candilejas, en la plaza de Luca de Tena, tomó el nombre de la primera película que se proyectó en él. Tras su cierre, dio lugar a la sede de una secta religiosa y posteriormente a una guardería.

El Cine Excelsior, en la Avenida de la Albufera en Vallecas, se cerró y una tienda de bazar y un gimnasio ocuparon su lugar.

El Cinestudio Falla, en Tirso de Molina, se convirtió en un parking.

El Cine Garden, en Moratalaz, funcionó durante algún tiempo como bingo, pero actualmente está cerrado.

Por último, el Cinestudio Griffith es hoy en día lo que conocemos como el Centro Cultural Conde Duque.

Cines desaparecidos del centro de Madrid
Cines desaparecidos del centro de Madrid