Los Goya 2019 se tiñen de inclusivos

Como los niños de San Ildefonso, así han salido Rossy de Palma y Paco León a anunciar, esta mañana de diciembre, los nominados de los Premios Goya 2019. Los candidatos tendrán que esperar a la gala del 2 de febrero en Sevilla – será la segunda vez que la celebración se produzca fuera de Madrid -, para saber si su nombre será el mencionado como ganador de la escultura de cera y bronce del pintor Francisco de Goya.

Rossy de Palma y Paco León, anunciando las nominaciones – Créditos: EFE

A la 33 edición del máximo galardón del cine español, se han presentado 151 películas, de las que más de un tercio son óperas primas. También concurren 16 cintas iberoamericanas, 47 filmes europeos y 32 cortometrajes.

El reino, con su tratamiento de la trama Gürtel, se alza como gran favorita para llevarse la mayoría de los premios en febrero de 2020. Cuenta con 13 nominaciones, solo seguida de cerca por Campeonesla cinta escogida para representar al cine español en los Oscar – , con un total de 11. Tras estos filmes, se encuentran en número de candidaturas, Todos lo saben y Carmen y Lola, con ocho nominaciones, y Quién te cantará, con siete.

Carmen y Lola es, de entre las cintas más destacadas, la única que destaca por ser la ópera prima de su directora, Aratxa Echevarría, nominada en la candidatura de “Mejor dirección novel”. La bilbaína realizó un anuncio con todas las categorías a las que aspira su largometraje, celebrando el gran logro que esto supone, y agredeciendo las felicitaciones que se han sucedido en la red social, donde califican a la obra de “valiente”, de “innovadora”.

Junto a Echevaría, concurren también en la categoría de “Mejor dirección novel”, César y José Esteban Alenda (Sin fin), Celia Rico (Viaje al cuarto de una madre) y Andrea Jaurrieta (Ana de día), a la que tuvimos el placer de entrevistar en el Festival de Cine de Madrid. Tres mujeres en una categoría, en la que el pasado año, Carla Simón se alzó con el galardón, y con películas con protagonistas capaces de alzar la voz, y de hacer frente a temas muy vedados en el mundo del cine hasta hace apenas unos años.

En el mundo del cortometraje, celebramos las candidaturas en ficción y animación, respectivamente, a Soy una tumba y Matria, ambos incluidos en la recopilación de los mejores cortometrajes nacionales de 2018, que publicamos hace una semana.

El Goya de Honor, ya anunciado antes del evento de hoy, caerá en las manos de Narciso ‘Chico’ Ibáñez Salvador, director de ¿Quién puede matar a un niño?, un thriller de terror que estremeció hasta a Don Mancini, creador de Chucky. El honor parece más nuestro que suyo, entonces.

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Cómo recordar a Bertolucci

En la mañana de ayer, nos despertábamos con la triste noticia del fallecimiento de Bernardo Bertolucci, máximo exponente del cine italiano en su función como director y realizador de grandes cintas, desde principios de los sesenta hasta la actualidad. Sus filmes orbitan siempre en torno a dos grandes soles: el sexo y la política. Y también lo hacía su vida profesional: Fue un gran escándalo relacionado con el primero de los dos astros, en El último tango en Paris (1972), donde Marlon Brando y Maria Schneider conforman un perfecto dúo erótico, lo que mancharía su figura de una manera irremediable. 

Muchos medios han traído de vuelta la famosa escena de la violación, sobre la que el propio director confesó en 2013 haberla orquestado con Brando, sin explicar al cien por cien a Schneider qué iba a suceder – la actriz, en el mejor de los casos, tan solo desconocía el uso de la mantequilla como lubricante en la escena -.

Nosotras no queremos ceñir su trayectoria únicamente a este hecho, pero sí que queremos señalar esta conducta como algo detestable. Si la escena ya horroriza a cualquiera sin saber la forma en la que fue grabada, la cosa se pone aún más fea al conocer estos detalles del rodaje.

María no quería ver a Bertolucci tras la proyección de la película. “No me porté bien con ella. No quería su reacción como actriz, sino como niña. Que sintiera los gritos…”, estas son palabras del propio director, tras la muerte de la actriz francesa, que cuando interpretó a Jeanne tenía tan solo 19 años. Condenables, irremediables, pero, ¿deben estropear todo lo que nos ha dado como cineasta?

Esta es una pregunta que ronda nuestro imaginario constantemente en la actualidad, cuando cada vez son más los actores, directores, productores… acusados de haber maltratado de alguna manera a sus compañeras o parejas: Weinstein despertaba el movimiento #MeeToo, Woody Allen era desenmascarado por su propia hija adoptiva en una carta a The New York Times, un vídeo en el que se veía a un Johny Depp excesivamente violento con su entonces pareja, Amber Heard, teñía de negro la imagen del paternal Willy Wonka, del entrañable Sombrerero Loco, del gracioso Jack Sparrow.

¿Qué hacemos ante esto? ¿Nos perdemos las películas de Woody Allen y su gran capacidad de creación? ¿Renunciamos a una infancia marcada por la cara de Depp en nuestras pantallas? ¿Condenamos grandes cintas como Gangs of New York (2002), o The Artist (2011), por haber sido producidas por un acosador? Esto parecería lo más justo para sus víctimas, pero, ¿lo sería también para el mundo del cine?

Vemos casos como el de Kevin Spacey, donde ante las acusaciones de abuso sexual a un menor de 14 años, hubo una petición popular para que Netflix prescindiese del actor. Nos quedamos entonces sin un personaje clave en House of Cards, donde Frank Underwood muere justo al comienzo de la sexta temporada. Aunque la productora no confirmase los motivos de su salida, que esta se produjese justo en este momento, parece de todo menos una casualidad.

Duele ver cómo la obra de grandes creadores se daña por sus errores en lo personal, pero también duele ver cómo estos no son condenados adecuadamente en muchos casos, como en el de Polanski, donde cineastas como Almodóvar o Iñarritu llegaron a escribir una carta en apoyo al director, tras haber sido acusado de violar a una joven de trece años.

Parece no haber una solución perfecta ante este problema, porque a los espectadores, como personas que somos, nos es imposible llegar a separar completamente a la obra de su creador. Una vez que un caso de este tipo sale a la luz, el resquemor a la hora de ver la pieza audiovisual nos acompaña, aunque sea en los primeros minutos de la cinta. Pero, a su vez, no parece justo que alguien como Bertolucci, mente creativa de grandes películas como Novecento (1976), El último emperador (1987) o The Dreamers (2003), sea recordado en el día de su muerte por la famosa “escena de la mantequilla”.

¿Qué opináis sobre este tema tan controvertido, jumpkaters? ¿Sois capaces de separar vida personal y artista o, por el contrario, consideráis que todo es uno? ¿Cómo recordáis a Bertolucci? Os leemos en nuestras redes.

 

‘CAMPO ATRÁS’, UNA HISTORIA NOSTÁLGICA QUE NARRA EL PASO DEL PUEBLO A LA CIUDAD

El equipo de “Campo Atrás”

Andrea Álvarez y Julu Martínez nos contaron los detalles de su TFG 

El pasado 17 de noviembre asistimos al estreno del TFG de Andrea Álvarez y Julu Martínez en el Centro Cultural Casa de Vacas. El cortometraje del tándem dura aproximadamente 27 minutos. 27 minutos de nostalgia y una cierta retrospectiva hacia el pasado, donde los personajes se enfrentan a decisiones que marcarán, sin duda, el futuro de sus vidas.

El problema que se plantea en el corto es fácilmente reconocible para muchísimas personas. En la actualidad, la gente joven que vive en un pueblo o en una ciudad pequeña no se lo piensa dos veces: salir rumbo a la gran ciudad es un hecho irrevocable. Pero no hace tanto tiempo los jóvenes tenían muchos más reparos a la hora de salir del cascarón.

Podríamos decir que este es el punto de partida del corto: se acaba la etapa del instituto y tengo que ver qué voy a hacer con mi vida. Pero no solo. La búsqueda de uno mismo en el terreno de la sexualidad está presente durante todo el proceso. El protagonista, Cesar, interpretado por Alberto Córdoba, se siente atraído por uno de sus amigos de infancia, pero realmente no sabe qué siente. Es una búsqueda de sí mismo, en un proceso por el que todos pasamos en esa famosa etapa de la vida conocida como adolescencia. Supone el paso de la adolescencia a la madurez. Además, Elena, la madre de César -Raquel Martínez en la vida real-,  también experimenta el proceso de encontrarse a sí misma después de la viudez. Un personaje entrañable que vive en la nostalgia de tiempos pasados. Por su parte, Bárbara,  la hija mayor de la familia, interpretada por María del Barrio, regresa al pueblo un fin de semana para dar una grata sorpresa a todos. 

Querido jumpkater, no te contaremos mucho más de la trama con la esperanza de que puedas verlo  muy pronto proyectado en algún festival, pero sí que hablaremos un poquito de la estética que representa.

Que viva lo vintage

La primer pregunta que decidimos hacerles fue acerca de la iluminación escogida. Nos explicaron que las decisiones de iluminación las determinaron el director de fotografía, Antonio Sanz, y Julu, parte creativa del proyecto. Para acercar visualmente la trama al espectador, ambientada en los años 2000, decidieron usar un filtro, el Pro Mist, que difumina las sombras y que satura bastante los colores, buscando retratar un ambiente nostálgico, que “alertase” al espectador de la época tratada. El aspect ratio también es curioso. La imagen está grabada en 4/3, precisamente porque en los 2000 se hacían las cosas con ese formato. Es, sin dudarlo, un guiño a la época, a la imagen tomada en esos años y a los valores que entonces se entendían.  En efecto, existe una coherencia entre todas las decisiones de producción, que refuerzan la idea plasmada en los diálogos: es una misma idea narrativa y audiovisual; fondo y forma confluyen.

Un TFG tirando al mediometraje

Jugando con el límite universitario, los creadores optaron por el riesgo de hacer un cortometraje bastante largo, 27 minutos más o menos, con todo lo que ello supone. En otras palabras, cuantas más horas grabes, más horas hay de postproducción después y más posibilidades hay de cometer errores. Añadido, todo ello, al estrés que supone un TFG cualquiera. En base a esto, nos comentaron que no habían tenido que variar mucho el guión original para adaptarlo a los límites universitarios; solo tuvieron que acortar algunas escenas, precisamente para no pasarse del máximo permitido por la universidad: 25 minutos. Parece que esos 27 minutos fueron permitidos, por suerte para todos.

Os confesamos que nuestra escena favorita tiene lugar cuando el joven protagonista masculino y su compañero de clase, sin tener clara su sexualidad ni lo que sienten realmente, se besan bajo un Toro de Osborne. Es el futuro frente al pasado. El avance generacional frente a lo obsoleto. La vanguardia frente a lo tradicional. Es una escena de contrastes.

Para finalizar el círculo perfecto, creado entre lo técnico y lo ligado a la historia, ofrecieron por el precio de dos euros, una carátula de VHS del corto, con un link a Vimeo y dos postales. Julu y Andrea, demostraron mejor que nadie, que todas las piezas cuentan.

 

Alcine, millenials en corto

Alcine, el Festival Internacional de Alcalá de Henares, ha vuelto este año para celebrar su 48ª Edición. Especialmente dedicado al hermano pobre del largometraje, Alcine ha logrado alzarse como cita anual obligada para todos los cinéfilos. A falta de la distribución comercial que merece el corto, este tipo de eventos constituyen una oportunidad para adentrarse en el cosmos del celuloide en pequeño formato; porque pequeño no es sinónimo de peor.

El festival, nacido en los 70 para reivindicar el cortometraje español, ha ido cayendo, a lo largo de sus muchas ediciones, en la tentación de exhibir largometrajes (como todo buen Festival Internacional que se precie). Y después de todo, lo ha conseguido. El pasado año, Alcine fue elegido festival calificador para optar a los Oscar. Por lo que Kafenio Kastelo de Miguel Ángel Jiménez y Cadoul de craciun, de Bogdan Muresanu, primeros en las secciones nacional e internacional respectivamente, tendrán como verdadero premio la posibilidad de participar en la selección de los galardones más codiciados del mundo cinematográfico.

Los realizadores más jóvenes han sido recibidos con los brazos abiertos, porque en esta ocasión, la edición se ha dedicado expresamente a la generación millenial– aquellos que por los 80 perdieron el cordón umbilical para conectarse a un mundo digitalizado- y las nuevas tecnologías. Revolución que ha afectado a la forma de concebir el audiovisual en corto.

Kafenio Kastelo es la prueba fehaciente de que las cosas se encuentran cuando menos las buscas. De forma improvisada, mientras el director, Miguel Ángel Jiménez, y su equipo buscaban localizaciones en Atenas para otra película, se fue gestando este corto documental de 19 minutos que ahora merece el primer premio de este certamen. Cuatro noches en un café, un grupo de amigos y un ambiente en crisis que se degrada a cada paso, son los elementos principales de esta original cinta.

El Segundo Premio “Ciudad de Alcalá” ha sido para No me despertéis (2018), de Sara Fantova.  La cinta, trabajo de fin de carrera de Fantova, ha sido producido con la ayuda de la ESCAC -que, por qué no decirlo, está formando una de las mejores canteras de futuros cineastas-  y también ha contado con la financiación de la conocida plataforma de crowdfunding, Verkami, ganándose un empujón de más de 3.000 euros. Respecto a la trama, como suele pasar con la mayoría de creadores jóvenes, el corto es de tono autobiográfico. La directora cuenta su propia historia, la de una adolescente que en el instituto respira reivindicativo y abertzale. Todo normal, hablamos del País Vasco. Los problemas vienen cuando un día, su padre asume un cargo político en el Gobierno Vasco. Este episodio, algo traumático, supone un cambio drástico en su vida.

El bronce de “Ciudad de Alcalá” se lo lleva otro corto vasco, Zain (2018). El director, Pello Gutiérrez Peñalba, define la obra como “una comedia triste y minimalista”. Sin más que una frase por sinopsis, prefiere mostrarse enigmática, a destriparse para ganar audiencia. No dice más, y lo dice todo; no quiere preguntas, ni da respuestas.

Bad Lesbian (2017), cinta escrita y dirigida por Irene Moray, se ha ganado el beneplácito del público por exhibirse sin tapujos y desvergonzada. Sí, entretiene. Sí, parece el piloto de una web serie. Pero merece el premio por reflejar anecdóticamente las interferencias en relaciones de los jóvenes provocadas por lo absurdo de las poses y las modas.

De l’amitié (2018) se ha alzado como el corto con las mejores interpretaciones; tanto femenina –Chloé Chevalier– como masculina –Sylvain Sounier. Como corto animado, destaca el original Patchwork (2018), de María Manero, que se ha llevado el Premio Movistar+. Y no se sabe si por su inexistencia o su mal uso, el premio de Efectos Especiales -asignatura pendiente del cine español- ha quedado desierto.

 

Por la parte europea, la máxima ganadora del premio “Alcine” ha sido Cadoul de craciun (regalo de navidad) del rumano Bogdan Muresanu. Ambientada en una Navidad de 1989, tiempos de la represión de Ceausescu, el corto sorprende por la sencillez y verosimilitud con la que mira la historia reciente. Nos traslada por completo a ella, y consigue adentrar al espectador extranjero con una facilidad asombrosa en el clima paranoico que se vivía en el país por aquella época.

Fuck you, de Anette Sidor, y Cadavre exquis, de Stéphanie Lansaque, han ganado el segundo y tercer Premio “Alcine”. En esta misma Sección Internacional, el Premio del Público se ha decantado por Tamtej nocy (2018) de Pat Howl Kostyszyn. Por último, el corto ‘Don Ruperto’, de Irma Orozco, ha recibido el Premio del Jurado Infantil de ‘Alcine Kids’.

Esta edición ha batido récords de trabajos (se han presentado hasta 1.151 obras) y de espectadores (hasta 1.200 en la última semana). Para aquellos alcalaínos y alcalaínas a los que se les haya pasado cita, aun están a tiempo de asistir este fin de semana a la proyección de los ganadores en el Teatro Salón Cervantes. Y si ya están cansados de tanto corto, hasta el 25 de noviembre en el Antiguo Hospital de Santa María La Rica, también se podrá disfrutar de la exposición gratuita Alcine VR: viaje al centro del multiverso, que muestra, tal y como señaló el director del festival Luis Mariano González, “el futuro del cine”.

Palmarés 48ª Edición Festival Internacional de Alcalá de Henares

Certamen Nacional de Cortometrajes

Primer Premio ‘Ciudad de Alcalá’
kafenio Kastello (2018), de Miguel Ángel Jiménez

Segundo Premio ‘Ciudad de Alcalá’
No Me Despertéis (2018), de Sara Fantova.

Tercer Premio ‘Ciudad de Alcalá’
Zain (2017), de Pello Gutiérrez Peñalba.

  • Premio ‘Comunidad de Madrid’
    De l’amitié (2018), de Pablo García Canga.
  • Premio Escuela Superior de Imagen y Sonido (Ces) al mejor sonido
    Luiz Lepchak por El espectáculo (2017)
  • Premio Alma al Mejor Guion
    María Cañas por La cosa vostra (2018)
  • Premio Weblab a la mejor fotografía
    Juan Carlos H. Villareal por El espectáculo (2017)
  • Trofeo Alcine a la mejor interpretación femenina
    Chloé Chevalier, por De l’amitié (2018)
  • Trofeo Alcine a la mejor interpretación masculina
    Sylvain Sounier y Maxime Kerzanet, por De l’amitié (2018)
  • Trofeo Alcine al mejor montaje
    Antonio Trullén, por Mi amado, las montañas (2017)
  • Trofeo Alcine a la mejor música original
    Joseba Beristain, por La Noche (2017)
  • Trofeo Alcine a la mejor dirección artística
    Oier Villar y Rebeca Wilkinson, por ZAIN (2018)
  • Trofeo Alcine a los mejores efectos especiales
    Premio desierto.
  • Premio Movistar+
    Patchwork (2016), de María Manero.
  • Premio del público del Certamen Nacional
    Bad Lesbian (2017), de Irene Moray.

Certamen Europeo de Cortometrajes

Primer Premio ‘Alcine’
Cadoul de craciun (2018), de Bogdan Muresanu.

Segundo Premio ‘Alcine’
Fuck you (2018), de Anette Sidor.

Tercer Premio ‘Alcine’
Cadavre Exquis (2017), de Stéphanie Lansaque y François Leroy.

  • Premio del público
    Tamtej Nocy (2018), de Pat Howl Kostyszyn.
  • Pantalla Abierta para Nuevos Realizadores
    Muchos hijos, un mono y un castillo (2017), de Gustavo Salmerón.
  • Pantalla Cero
    Most beautiful island (2017), de Ana Asensio
  • Alcine Kids
    Premio del jurado infantil
    Don Ruperto (2017), de Irma Orozco

Mapa Alcine

CINE ENTRE PERFECTOS DESCONOCIDOS

Hamacas, sillones, un ambiente distendido en el que todo invita a intercambiar opiniones sobre los cortos exhibidos en pantalla con el desconocido de al lado. Esta fue la atmósfera creada el pasado lunes en la Sala Equis, lugar donde se celebró el segundo encuentro del Short Cut Cine Festival en Madrid.

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“La idea de Short Cut es poder compartir el cine en formato corto con gente a la que, probablemente, no conozcamos. Por eso, está dividido en dos partes, para que podáis comentarlo y hacer amigos”

Palabras de uno de los organizadores, al inicio del evento

Entrar a este pequeño paraíso para cualquier cinéfilo con ganas de una buena conversación y de conocer a gente interesada en este mundo, solo pensado para desgraciados y locos, se ofrecía a un módico precio de cinco euros. A cambio, quien asistió pudo disfrutar de dos horas de cortometrajes con temáticas, estilos y nacionalidades dispares; de un chupito de Jagger e, incluso, de una botella entera, en el caso de haber sido el agraciado con el número ganador del sorteo. Este se celebró en el descanso de 15 minutos, entre la primera y la segunda tanda de los 9 pequeños pasajes audiovisuales seleccionados.

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Los cortometrajes de la primera parte fueron Yardbird, Flatmates 3.0, Local, Morales yLa huida.

 

Yardbird (Michael Spiccia, 2012)

El corto australiano, escogido para iniciar la sesión, tiene como protagonista a Ruby, interpretada por la joven Mitzi Ruhlman, una niña que parece tener un cariño especial por los animales y que esconde algo terrorífico tras sus bonitos ojos azules. Fue seleccionado por el Festival de Cannes para ser uno de los cortos a concurso en la Sección Oficial.

Flatmates 3.0 (Francesco Marisei, 2011)

Marisei consigue, en tal solo 30 segundos de cinta, transmitir perfectamente cómo de aisladas pueden llegar a ser las convivencias entre jóvenes en el siglo XXI, con el Internet de por medio. Su cortometraje fue el ganador del Gran Premio del Jurado a la Mejor Película en la novena edición de Jameson Notodofilmfest.

Local (Sean Slobodan, 2015)

Un reflejo a través de la mirada de la lente de los skaters locales de los pueblos de Salt Lake y Utah, con una fotografía muy cuidada.

Morales (Roger Villaroya, 2013)

Morales hemos sido todos nosotros cuando no eramos capaces de concentrarnos en clase, de pequeños, ¿pero que esconden la mirada de esos grandes ojos marrones? Un cortometraje entrañable y tierno de un director con un recorrido notable en el mundo del audiovisual, donde su nueva película Nana está recorriendo los festivales en la actualidad.

La huida (Víctor Carrey, 2013)

11 minutos de enredos, de continuas explicaciones de forma rápida, con un ritmo muy marcado y muy cercano al buscado por Wes Anderson es sus producciones. La huida te redescubre las constantes formas de ver o dar sentido a una acción tan sencilla como la caída de un billete en una acera cualquiera.

El cortometraje de Carrey ha conseguido ganar 80 premios y ser seleccionado en más de 200 festivales.

 

El descanso de 15 minutos llegaba, y con él el prometido chupito de Jagger. Una vez compartido algunas ideas en grupo y descansado, se dio paso a los restantes cuatro cortos: Nyosha, Breathe, iDiots, y Voltereta.

 

Nyosha (Liran Kapel y Yael Dekel, 2012)

Una historia basada en las vivencias reales de una superviviente del Holocausto, la polaca Nomi Kapel. Los directores combinan a la perfección la técnica de stop-motion y la animación 2D, para crear un cortometraje muy sentido y cuidado, en el que con imágenes muy concretas y apenas algunos títulos de texto consiguen transmitirle al espectador el infierno que sufrieron los judíos en la Segunda Guerra Mundial.

Breathe (Toby Meakins, 2013)

Este corto está realizado bajo la premisa de que a veces aguantar la respiración es una forma que tenemos para parar el mundo ¿Y si esta simple acción, nos diese acceso a otro nuevo mundo? Se trata de un experimento que el director emprendió a partir de técnicas de cámara, y sin apenas edición, para ver cómo era la reacción de la audiencia de cara a realizar una película.

iDiots (Big Lazy Robot VFX, 2013)

Una sátira de la obsolescencia tecnológica en forma de cortometraje audiovisual de 4 minutos de duración. Es gracioso verte tan bien representado en un robot que cae, sin descanso, en la misma trampa de la que no parece haber escapatoria.

Las palabras de la productora señalan, al fin y al cabo, que todos tenemos a un iDiotdentro y que verlo es muy divertido.

Voltereta (Alexis Morante, 2010)

El cortometraje escogido para despedir el evento tiene un toque del todo español, a través de un personaje como es el del abuela con el famoso bocadillo de Nutella o Nocilla para alegrar la merienda del nieto, del Colacao, de las referencias a los extranjeros como si lo que ellos hiciesen fuese “hablar raro”…Fue rodado en la estancia de Morante en Nueva York, quien consideró que debía aprovechar las vistas del skylineen alguna de sus producciones.

 

Y entre respiros, billetes y volteretas se pasaron las dos horas de encuentro. Los aplausos finalizaron la sesión, premiando a la organización y a los realizadores de los cortometrajes.