Sobre la dirección fotográfica

La Biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid inicia este año un nuevo proyecto que ya ha cautivado a varios estudiantes: el Club Internacional de Cine. Irene Garmtz fue la invitada de la semana pasada e impartió el pasado miércoles una sesión sobre la dirección fotográfica en una rebosante sala multiusos.

Irene comenzó enseñándonos la influencia de la iluminación en la manera de caracterizar a un personaje. Así, Marlon Brando tiene un aspecto muy distinto en El Padrino y en El último Tango en París aunque ambas películas sean del mismo año (1972)de forma que la luz ayuda a definir ciertos rasgos de un personaje que el espectadora vinculará a una personalidad determinada. La narrativa va de la mano de la fotografía.

Tras aclarar el concepto de dirección fotográfica, algo nublado en la mente de algunos estudiantes, Irene guió a los allí presentes por un recorrido con paradas en sus tres películas favoritas desde la perspectiva  fotográfica: The Neon Demon, Mommy y Una chica vuelve sola de noche. Su elección fue muy acertada para mostrar los diferentes tipos de filtraje en cámara o recursos fotográficos empleados por los directores de fotografía de sendas películas.

En una escena de The Neon Demon en la que los comentarios de los personajes resultan muy impostados y falsos, la iluminación se acompasó  a la narrativa con luces de neón muy irreales en el baño de una discoteca haciendo honor al título de la película. Irene nos reveló que gran parte de las escenas de esta película se consiguieron aplicando vaselinas en el objetivo de la cámara, en su mayoría angulares para sugerir una sensación de claustrofobia en el espectador.

El caso de Mommy es de los más impactantes: el encuadre de la película acompaña a los sentimientos del protagonista, un niño afectado por la enfermedad de su madre que al principio se nos presenta como muy cohibido. Pero en un determinado momento- lamentamos el spoiler estético- dicho encuadre se rompe mientras el niño monta en su skate con un Oasis más liberador que nunca sonando de fondo. También hay que resaltar el contraste entre la luz natural que ilumina a los personajes durante la mayor parte del metraje y una escena en la que la luz está coloreada artificialmente.

El último film de la trilogía fue Una chica vuelve a casa sola de noche, con una fotografía dominada por el blanco y negro que contrasta a la perfección con las otras dos películas que nos expuso Garmtz.

A las directoras de fotografía también les toca vivir con ese dejà vu que las impide tomar las riendas en muchas grandes producciones o en largometrajes, quedando relegadas al ámbito de la publicidad o de los mediometrajes. Y para erizar todavía más el vello, destacamos que ninguna mujer ha ganado el Oscar a Mejor Dirección Fotográfica y que solamente una ha estado nominada a un Goya, Cristina Trenas, por New York Shadows.

“Esta categoría siempre ha estado muy dominada por hombres, así que estoy entusiasmada, no me lo creo; no es un tópico decir que para mí, la nominación ya es el premio”, estas fueron las primeras palabras de Cristina tras recibir la expectante noticia. New York Shadows, la película que  llevó su nombre a lo más alto “es muy experimental y de bajo presupuesto, de hecho éramos un equipo hiperreducido y desde el principio supimos que todos íbamos a tener que hacer de todo”, señaló Trena.

Como se ve, la mayor parte de nombres que aparecen en los créditos de cualquier película que nos terciemos a ver son hombres, pero no porque a las mujeres no nos interese este mundo y prefiramos no formarnos ni dedicarnos a él. Las profesionales de este sector ven inalcanzable llegar a formar parte del equipo de una superproducción, por lo tanto, están escondidas pero a la vez dando mucha guerra en pequeñas producciones o en cortos como se ha dicho, mientras que el punto de vista de las grandes películas lo ofrecen ellos.

Cristina opinó de su nominación, allá por 2014, que “supone un gran paso en la normalización de la presencia de las mujeres en esta especialidad, los académicos han vencido el machismo del que muchas veces se les acusa y han considerado el trabajo de una mujer en una película pequeña”.

Tras este paréntesis reivindicativo, vamos a repasar las 12 películas con mejor dirección fotográfica para Scout Tafoya, que publicó una lista en Fandor tras encuestar a seis críticos y expertos en cine.

EL ÁRBOL DE LA VIDA’ (TERRENCE MALICK, 2011)

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Director de fotografía: Emmanuel Lubezki.

‘APOCALYPSE NOW’ (FRANCIS FORD COPPOLA, 1979)

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Director de fotografía: Vittorio Storaro.

‘BARRY LYNDON’ (STANLEY KUBRICK, 1975)

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Director de fotografía: John Alcott. Destaca el trabajo de Alcott al iluminar la película únicamente con luces naturales como la de las velas.

DÍAS DEL CIELO’ (TERRENCE MALICK, 1978)

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Directores de fotografía: Néstor Almendros y Haskell Wexler. Esta película fue rodada únicamente durante “la hora mágica”, que se corresponde con la puesta de sol.

‘LOS VIVIDORES’ (ROBERT ALTMAN, 1971)

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Director de fotografía: Vilmos Zsigmond. El estilo está definido por una paleta pastel destilada con filtros dobles y humo.

‘EL CONFORMISTA’ (BERNARDO BERTOLUCCI, 1970)

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Director de fotografía: Vittorio Storaro. Se emplean tonos azules como símbolo de libertad.

‘2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO’ (STANLEY KUBRICK, 1968)

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Director de fotografía: Geoffrey Unsworth.

‘LA NOCHE DEL CAZADOR’ (CHARLES LAUGHTON, 1955)

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Director: Stanley Cortez.

‘LAS ZAPATILLAS ROJAS’ (MICHAEL POWELL Y EMERICH PRESSBURGER, 1948)

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Director de fotografía: Jack Cardiff.

‘EL CUARTO MANDAMIENTO’ (ORSON WELLES, 1942)

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Director de fotografía: Stanley Cortez.

‘CIUDADANO KANE’ (ORSON WELLES, 1941)

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Director de fotografía: Gregg Toland

‘AMANECER’ (F.W. MURNAU, 1927)

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Directores de fotografía: Karl Struss y Charles Rosher.

Cómo recordar a Bertolucci

En la mañana de ayer, nos despertábamos con la triste noticia del fallecimiento de Bernardo Bertolucci, máximo exponente del cine italiano en su función como director y realizador de grandes cintas, desde principios de los sesenta hasta la actualidad. Sus filmes orbitan siempre en torno a dos grandes soles: el sexo y la política. Y también lo hacía su vida profesional: Fue un gran escándalo relacionado con el primero de los dos astros, en El último tango en Paris (1972), donde Marlon Brando y Maria Schneider conforman un perfecto dúo erótico, lo que mancharía su figura de una manera irremediable. 

Muchos medios han traído de vuelta la famosa escena de la violación, sobre la que el propio director confesó en 2013 haberla orquestado con Brando, sin explicar al cien por cien a Schneider qué iba a suceder – la actriz, en el mejor de los casos, tan solo desconocía el uso de la mantequilla como lubricante en la escena -.

Nosotras no queremos ceñir su trayectoria únicamente a este hecho, pero sí que queremos señalar esta conducta como algo detestable. Si la escena ya horroriza a cualquiera sin saber la forma en la que fue grabada, la cosa se pone aún más fea al conocer estos detalles del rodaje.

María no quería ver a Bertolucci tras la proyección de la película. “No me porté bien con ella. No quería su reacción como actriz, sino como niña. Que sintiera los gritos…”, estas son palabras del propio director, tras la muerte de la actriz francesa, que cuando interpretó a Jeanne tenía tan solo 19 años. Condenables, irremediables, pero, ¿deben estropear todo lo que nos ha dado como cineasta?

Esta es una pregunta que ronda nuestro imaginario constantemente en la actualidad, cuando cada vez son más los actores, directores, productores… acusados de haber maltratado de alguna manera a sus compañeras o parejas: Weinstein despertaba el movimiento #MeeToo, Woody Allen era desenmascarado por su propia hija adoptiva en una carta a The New York Times, un vídeo en el que se veía a un Johny Depp excesivamente violento con su entonces pareja, Amber Heard, teñía de negro la imagen del paternal Willy Wonka, del entrañable Sombrerero Loco, del gracioso Jack Sparrow.

¿Qué hacemos ante esto? ¿Nos perdemos las películas de Woody Allen y su gran capacidad de creación? ¿Renunciamos a una infancia marcada por la cara de Depp en nuestras pantallas? ¿Condenamos grandes cintas como Gangs of New York (2002), o The Artist (2011), por haber sido producidas por un acosador? Esto parecería lo más justo para sus víctimas, pero, ¿lo sería también para el mundo del cine?

Vemos casos como el de Kevin Spacey, donde ante las acusaciones de abuso sexual a un menor de 14 años, hubo una petición popular para que Netflix prescindiese del actor. Nos quedamos entonces sin un personaje clave en House of Cards, donde Frank Underwood muere justo al comienzo de la sexta temporada. Aunque la productora no confirmase los motivos de su salida, que esta se produjese justo en este momento, parece de todo menos una casualidad.

Duele ver cómo la obra de grandes creadores se daña por sus errores en lo personal, pero también duele ver cómo estos no son condenados adecuadamente en muchos casos, como en el de Polanski, donde cineastas como Almodóvar o Iñarritu llegaron a escribir una carta en apoyo al director, tras haber sido acusado de violar a una joven de trece años.

Parece no haber una solución perfecta ante este problema, porque a los espectadores, como personas que somos, nos es imposible llegar a separar completamente a la obra de su creador. Una vez que un caso de este tipo sale a la luz, el resquemor a la hora de ver la pieza audiovisual nos acompaña, aunque sea en los primeros minutos de la cinta. Pero, a su vez, no parece justo que alguien como Bertolucci, mente creativa de grandes películas como Novecento (1976), El último emperador (1987) o The Dreamers (2003), sea recordado en el día de su muerte por la famosa “escena de la mantequilla”.

¿Qué opináis sobre este tema tan controvertido, jumpkaters? ¿Sois capaces de separar vida personal y artista o, por el contrario, consideráis que todo es uno? ¿Cómo recordáis a Bertolucci? Os leemos en nuestras redes.