Los Oscars de 1963: Jamás existió una enemistad como la suya

Esto es lo que nos cuenta Feud, la última creación de Ryan Murphy de la mano de Jessica Lange y Susan Sarandon

“Anne Bancroft por El Milagro de Ana Sullivan”. Al tiempo que el nombre de la actriz se hacía eco en la sala principal del Santa Monica Civic Auditorium, Joan Crawford dejaba caer su cigarro al suelo apagándolo de un taconazo. Cabeza bien alta, cuello estirado y una sonrisa cargada de malicia, recogía el Óscar que nunca le pertenecería y que deseaba con todas sus fuerzas. Mientras tanto, Bette Davis seguía recuperándose del shock. Por un momento, la mujer con más carácter y quizás talento de Hollywood pensó que había vuelto al ruedo.

¿Qué fue de Baby Jane? será la única obra cinematográfica capaz de reunir a dos leyendas enemigas en un momento en el que sus carreras estaban estancadas: Joan Crawford y Bette Davis. Ambas vieron esta oportunidad como el salvavidas capaz de reflotar su consideración de estrellas. Sin embargo, a diferencia de su compañera de rodaje, Crawford no será nominada por su interpretación coprotagonista; pero una llamada al resto de actrices nominadas pidiendo recoger el galardón en su lugar en caso de que ganasen será la derrota personal, en forma de humillación, que Crawford le hará sufrir a su rival. Por su parte, Bette Davis podría haber hecho historia, podría haber sido la primera actriz en  ser galardonada con tres premios de la Academia (antes de que Katherine Hepburn obtuviera otros tres Óscars convirtiéndola en la mejor actriz del cine clásico, con un total de cuatro premios).

Así  es cómo Crawford sació su deseo de sentir el tacto de la estatuilla dorada por última vez al mismo tiempo que demolía el pedestal de Davis. Una jugada redonda que una vez más terminó con todos los flashes apuntando hacia su tocado, plateado, en la noche del 9 de abril de 1963. Jamás se había preparado tanto para una gala.

Joan, disciplinada y estricta a la vez que obsesa de la limpieza y el orden, no quiso a nadie que no fuese a sí misma. Ni a sus hijos ni a sus maridos. Empezando con un lavado de imagen al crearse el nombre de Joan Crawford dejando atrás a Lucille Fay de Soeur, siempre sintió la necesidad de hacerse respetar. En la cumbre de la Gran Depresión era la actriz a la que todos adoraban y que los hombres más deseaban, pura belleza. Con expresiones faciales marcadas y un rigor inigualable, había nacido para ser apuntada por una cámara, aunque su mejor inversión será su matrimonio con el presidente de Pepsi Cola Alfred Steele del que quedará viuda, convirtiéndose en directora de la compañía durante un tiempo (y heredando también las deudas). Su vida se resume en una mujer dada a sus fans que siempre supo moverse en una industria marcada por el dominio masculino al que se sometió con una increíble superficialidad.

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Bette Davis y Joan Crawford en el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane?

Bette era el talento en persona. Desde sus comienzos en Broadway demostró su perfeccionismo mostrando sus increíbles habilidades, las cuales le sirvieron para cambiarse de industria a la costa oeste. La actriz enseñó su fuerte carácter siempre que pudo. No solo tendrá grandes enfrentamientos con directores, ejecutivos, etc., sino que será la primera en romper el sistema de contratos de los estudios al huir a Londres y demandar a la Warner en 1936. Aseguraba que se había estancado en papeles mediocres y se negaba  a cumplir el largo plazo que imponía el star system. El caso fue resuelto en contra de Davis, la cual tuvo que regresar a Hollywood con la Warner, pero no sin dar pie a que se dieran más casos similares, como el que sucederá en 1943 con su amiga y también actriz Olivia de Havilland. Lo cierto es que este conflicto dio comienzo al periodo más exitoso de su carrera.

Pero para entender la enemistad hace falta remontarse a sus inicios en los 40’. Durante la guerra, Bette era una estrella en auge en la Warner, haciéndose con los mejores papeles. En los cuatro años anteriores al comienzo del conflicto bélico alcanza su máximo reconocimiento al ganar dos Óscars por Peligrosa (1935) y Jezabel (1938). Al mismo tiempo, Joan empezaba a desvanecerse y se ganaba el apodo de “el veneno de las taquillas” por el escaso éxito de sus películas. Así es cómo Crawford no duda en dejar la Metro y firmar por la Warner en un intento de realzar su carrera. Y así lo hizo. En 1945 ganaba el que sería su primer y único Óscar por Alma en suplicio. También será este el filme en el que se realizará el primer emplazamiento de producto como tal en una película en toda la historia del cine. Esa escena en la que Joan se bebe una copa de Jack Daniel’s Bourbon Whisky le iba al pego. Siempre fue muy aficionada a la bebida.

Dos semanas antes de los premios de la Academia, Joan avisó de que no asistiría a la gala por una extraña enfermedad que la tenía postrada en la cama. La prensa hizo eco de su misterioso problema de salud y el jurado, quizás conmovido, se decantó por ella. Sin embargo, la actriz recibió la estatuilla en la cama con un aspecto magnífico y con pocos signos de encontrarse en el estado en el que aseguraba estar. La foto de aquel momento se convirtió en histórica y pocos días después se recuperó casi milagrosamente. Siempre fue una neurótica del éxito.

Joan Crawford recibe el Oscar en cama

El caso es que la actriz servía como garrote perfecto para que la Warner tuviera controlada a la niña rebelde de Bette. Ella tenía un poder inimaginable para cualquier mujer de su época. Era constantemente nominada al Óscar, era costosa, y Joan, además de ser el mensaje de la productora para Davis, era demasiado orgullosa como para quedarse con las sobras de su compañera. No hay espacio para dos mujeres en un pedestal, y ambas estaban determinadas a conseguirlo. A partir de su victoria, Joan interpretaba papeles consistentes de mujeres de cierta edad mientras Bette hacía de chicas florero.

La época de los 50’ y 60’ fue dura para las actrices más mayores. Al finalmente imponerse la ley antimonopolio sobre las cadenas de los majors, el studio system  se desvanecía y se buscaban mujeres de poca edad. Pero Joan y Bette lograron sobrevivir. La primera arrasó a pesar de rodar con coprotagonistas muy jóvenes (como en 1956 con Hojas de otoño) y la segunda consiguió otra nominación al Óscar por su papel en Eva al desnudo (1950). Sin embargo, a finales de los 50’, si bien eran titanes del cine, no se les presentaba ningún proyecto que les permitiera reinventarse y volver a dar otro salto, hasta que sucedió lo inesperado.

El rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? no fue para nada fácil. Ambas actrices se lo pusieron realmente difícil al director, Robert Aldrich, quien no dudó en situar los camerinos de ambas de forma equidistante con el plató. Un buen gesto conciliador por su parte. Una película de serie B que se vendía sola con la fuerte rivalidad de sus protagonistas y que hacía frente al cine protagonizado por chicas como Marilyn Monroe donde unas buenas piernas valían más que cualquier talento. Joan quería volver a ser la chica de moda y Bette un buen guión con el que demostrar sus habilidades. Todo esto a pesar de no tener la frescura de ser jóvenes, con edades que sumaban más de un siglo. Su enemistad era la mejor estrategia de marketing y desde Psicosis de Hitchcock el género de terror estaba en auge, y no había nada más terrorífico que Joan y Bette juntas en escena.

Crawford no tardó en situar una máquina expendedora de Pepsi Cola en el estudio. Siempre era un buen momento para hacer publicidad de su marca. Davis tampoco se quiso quedar atrás, respondiendo con otra máquina expendedora, esta vez de Coca-Cola. Los rodajes se vieron marcados por pequeños rifirrafes del estilo, pero ambas eran conscientes de que su unión era la única posibilidad de conseguir el último repunte en sus carreras.

Y así fue. La obra resultó un éxito rotundo y Bette disfrutó el éxito por las dos. Su interpretación de un personaje tan esperpéntico como ella le hizo brillar en las críticas. Y eso a Joan le ardía por dentro. Acababa de ser eclipsada por su archienemiga en un proyecto que ella misma había propuesto. La estocada final sucedió en el momento en el que se anunciaron las nominaciones a los Óscar: Bette era una nominada indiscutible y Joan, para su sorpresa, se había quedado fuera. Si nunca habían escondido su enemistad, a partir de ahora será la comidilla de Hollywood. Por suerte para Joan, las decisiones de la industria se movían más por contactos y encumbramientos que por transparencia y diligencia profesional. Y ahí entra en juego la prensa sensacionalista hollywoodiense y en especial el papel de Hedda Hopper (enemiga de la también crítica Louella Parsons), la llamada “serpiente de Hollywood”. No existía actor o actriz que no la temiese por sus duras críticas capaces de dirigir la opinión pública hacia el bando que desease. Si bien en un principio se dedicó a alimentar la rivalidad entre las actrices, llegado el momento decisivo no dudó en apoyar a Crawford en su campaña contra Bette. Además de que Joan y Hedda eran amigas ocasionales, Bette no había nacido en la industria, era una extranjera proveniente de Broadway, y era motivo suficiente para no merecer el galardón. Así comenzaron los preparativos para la humillación de Bette Davis en la gala de los Óscar de 1963, la tensión convertida en ambiente.

Fue uno de los mayores retos a los que me enfrenté. Lo digo de manera amable. Bette tiene un temperamento muy diferente al mío. Tenía que gritar todas las mañanas. Yo me sentaba y calcetaba. Calceté una bufanda que iba desde Hollywood hasta Malibú”, aseguraba Joan. Sin embargo, las dos leyendas tenían más puntos en común que diferencias. Joan compitió con Davis toda su carrera por hombres, papeles y portadas de revistas; pero las dos eran muy exigentes consigo mismas, querían hacerse respetar y necesitaban sentirse queridas. Por desgracia ellas no inventaban las normas por las que se regía Hollywood y demasiadas personas se beneficiaban de su enemistad. Ambas eran supervivientes.

Por su parte, Bette admiraba a Crawford: “Joan Crawford y yo nunca hemos sido buenas amigas. No somos agradables. La admiro pero eso no impide que me sienta incómoda junto a ella. Para mí es la personificación de la estrella de cine. Siempre he pensado que la mejor interpretación de Crawford es la de Crawford”.

Una el talento y otra la presencia, sabían que las dos maldiciones de ser una estrella de cine eran el alcoholismo y la soledad. Aunque lo segundo podrían haberlo solucionado con un cigarro y una copa de whisky.

Entrevista Irene Garmtz

Como ya os adelantamos en la publicación de ayer sobre la dirección fotográfica, hoy entrevistamos a una de las invitadas del Club Internacional de Cine, la directora de fotografía, Irene Garmtz. Pero, ¿Qué hace exactamente un Director de fotografía (DOP)? Muchos ignoran el importante papel que tienen estos maestros de la luz -en inglés llamados cinematographers- en todas las películas y anuncios que vemos. De hecho, la misma Irene bromea sobre ello diciendo que cree que ni su madre sabe muy bien en qué consiste su trabajo.

Le hemos preguntado sobre cómo encontró su vocación -no es habitual que cuando uno es pequeño diga “quiero ser director de fotografía”- y cómo ha logrado hacerse un hueco en la profesión siendo mujer. Independientemente del género, tampoco es fácil conservar un estilo propio frente a las presiones de los productores. Aun así, Irene lo consigue, impregnando sus proyectos de ese “deje” que la caracteriza.

 

Cuando la violencia machista llega al cine

Seguro que más de una jumpkater coreaba este domingo el grito de “Ni una menos”. La ONU declaró el 25 de noviembre el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conmemorando el asesinato de Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas que se opusieron al régimen del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo tratando de restaurar la democracia para el país.

Pero la mayoría de casos de violencia machista no son tan mediáticos y suceden en cualquier escenario, ya sea un instituto, la calle o el propio domicilio familiar. Parece que para la sociedad las cifras de asesinatos machistas son números vacíos sin nombre, sin familia y sin proyectos de vida. Todavía tenemos miedo cuando vamos por la calle o incluso con una amiga, todavía se nos cuestiona nuestra profesionalidad en la mayoría de empleos, todavía se nos juzga por nuestra forma de vestir o por nuestra forma de hablar… y así podríamos recitar una retahíla de casos en los que quizá no haya ninguna muerte física, pero vivir con miedo por el simple hecho de pertenecer a un género no debería estar permitido.

El cine a veces actúa como un aliado de la causa que pretende remover las conciencias que no consiguen despertar los informativos o la prensa. El equipo de JumpKat ha seleccionado cinco películas para que veas o para que recomiendes al pesado de turno que “ni machismo ni feminismo, igualdad”.

  1. TE DOY MIS OJOS

Protagonizada por Laia Marull y Luis Tosar y dirigida por Iciar Bollaín, la película retrata un caso de violencia doméstica reflejando las diferentes fases que atraviesa Antonio (Tosar). Pilar (Marull) huye con su hijo tras varios episodios de maltrato que ha sufrido en silencio. La película, ganadora de siete premios Goya, expone el miedo, el control y el chantaje emocional a los que se someten las víctimas de este tipo de violencia.

 

        2. EL COLOR PÚRPURA

Dirigida por Steven Spielberg y nominada once veces a los Oscar, narra la historia de una mujer negra (Whoopi Goldberg) que ha sido violada varias veces por su padre, quien después la vende a un hombre que la maltrata. La protagonista, Celie, igual que la Pilar de Bollaín, sufre en silencio las agresiones. A pesar de ello, la película es una oda a la liberación de las mujeres que se aprecia en el crecimiento y en la evolución del personaje de Goldberg, que acaba convertida en una mujer plenamente independiente.

 

3. LAS ELEGIDAS

Desgarradora historia sobre la trata de blancas que dirige David Pablos y presume de cinco premios Ariel en su palmarés. En la película, dos adolescentes (Ulises y Sofía) se enamoran. La familia del chico dirige una red de prostitución y Ulises colabora en el negocio familiar seduciendo a chicas jóvenes para su posterior explotación sexual. Sofía será una más en el engaño de Ulises.

 

4. TOMATES VERDES FRITOS

Además de la violencia de género, la película aborda la discriminación racial. En ella, Evelyn (Kathy Bates) conoce en un asilo a Ninny (Jessica Tandy), una mujer de avanzada edad que consigue atrapar a Evelyn con una dramática historia sobre dos amigas y el asesinato del marido de una de ellas, del que más tarde se revelará que era un maltratador. Gracias a la historia, Evelyn consigue desprenderse del papel de ama de casa para dar un giro a su vida y empezar a cuidarse a sí misma.

 

  1. DURMIENDO CON EL ENEMIGO

Algunas historias al más puro estilo hollywoodiense han incorporado en sus tramas algún drama sobre violencia de género. Este es un claro ejemplo de ello. La película está protagonizada por Julia Roberts, quien da vida a Laura, una mujer continuamente golpeada y abusada por su marido Martin. Un día , la chica decide desaparecer haciendo creer a su marido que está muerta. Al final, el hombre encontrará el paradero de Laura dispuesto a matarla, pero Laura ha rehecho su vida y es una mujer más fuerte de lo que él piensa.

 

Rocío Montaño: “Tendría que ser tan común leer a Lorca como ver Lizzie McGuire”

El pasado 24 de octubre tuvimos la oportunidad de conocer a una ex estudiante de la Universidad Carlos III de Madrid y a una gran cineasta. Rocío Montaño debutó como dramaturga, como ella dice, con sus primos y hermanas en el corto  “Camisa Verde”. A esta obra le seguirían otras tantas hasta que por fin llegó su TFG “No hablo rumano”.

Para rodar su TFG, Rocío viajó a Rumanía con Bogdan,  un amigo que conocía de cuatro días y que aseguraba tener ascendencia gitana. Cámara y ganas en mano, fueron juntos a averiguarlo por diferentes pueblos rumanos asociados con el chico. 

Tras el visionado, Rocío nos confesó que no resultó ser tan buen amigo como parecía y el orgullo y la arrogancia del chico se tornaron insoportables. Al final, ella misma se convirtió en el objeto etnográfico del estudio y lo que parecía ser un film sobre Bogdan se convirtió en un film existencialista sobre la propia autora. 

Uno de los mayores obstáculos de la cineasta en estas tierras era el idioma: ella no sabía hablar rumano como deja bien claro en el título y casi nadie hablaba fluidamente el inglés, por lo que continuamente se sentía “atrapada y sin voz”. A todo esto hay que sumar el machismo que ya se palpaba al saludar a las mujeres: “En Rumanía, los hombres se dan la mano y a las mujeres ni las saludan”.

Al finalizar el coloquio, Rocío respondió a nuestras preguntas sin dejar de lado la tímida sonrisa que parece tener tatuada. Rompimos el hielo interesándonos por su impresión tras dar el salto del corto al largo: para Rocío no hay mucha diferencia, al menos en la escala en la que ella trabaja. Según ella: “simplemente vas montando la película y dura más”.

Y ya que teníamos a una veterana de nuestra carrera delante, aprovechamos para preguntarle qué opinaba sobre la educación universitaria en la materia de cine. Coincidimos totalmente con su respuesta: “Me parece que el cine está muy mal enseñado en esta carrera. Algunas asignaturas me salvaron un poco y me aportaron nuevas perspectivas”. Para ella, el cine se estudia de forma superficial y narrativa, pero es necesario relacionarse de otra manera con las imágenes audiovisuales y ampliar la perspectiva de los estudios de cine situándolos en el centro y motivando a los alumnos para que se empapen de cine y no se estudien de memoria títulos sin más. “Habría que tratarlo con más respeto al cine”.

“No hablo rumano” fue seleccionado para varios festivales, entre ellos, DocumentaMadrid o Cinespaña Toulouse. Sorprendentemente, en un principio Rocío quería mantener en secreto el film, “Yo pensaba: ¿qué pasa si Bogdan lo ve?”, nos comentaba entre risas. Pero finalmente agradeció a la gente que la apoyó y la animó a presentar su mediometraje a tantos festivales para que muchas personas disfrutaran con su trabajo.

¿Pero qué tiene entre manos Rocío? Actualmente está editando una película sobre las vacaciones con su familia en el campo en la que han grabado sus hermanas o su madre. Le encantaría repetir la experiencia y presentarla a algún festival, aunque sea un poco larga para los exigentes y tiquismiquis programadores de estos eventos.

Después de la entrevista, lo más probable es que la cineasta se pusiera un capítulo de su serie favorita. ¿Pero por qué esa y no otra? Muy fácil: “es una serie que me encantaba de pequeña. Además esta montada de forma muy loca y creo que hay que reivindicar lo popular. Tendría que ser tan común leer un libro de Lorca como ver Lizzie McGuire.”

Aquí os dejamos el tráiler de “No hablo rumano” y otro corto de Rocío sobre un concierto: “Lights”.

 

El Festival de Cine de de Madrid pone el foco en las creadoras bajo el lema “Yo también ruedo”

La 27 edición del Festival de Cine de Madrid se clausuró este pasado domingo en la Sala Berlanga, una de las sedes de las proyecciones y coloquios del evento, donde tuvo lugar la entrega de premios. En concreto, se dieron 22 galardones y 5 menciones especiales a los mejores trabajos del Festival, proyectados en las dos semanas que duró este.

La Sala Azcona, la Cineteca, el Cine Paz, la Universidad Nebrija, e incluso la Sala Equis abrieron sus puertas a los curiosos interesados que quisieron admirar las obras de cine emergente seleccionadas para la exhibición dentro del Festival, organizado por la Plataforma de Nuevos realizadores.

Bajo el lema “Yo también ruedo”, el cartel de Borja Muñoz Gallego y una oferta de entrada gratuita a las sesiones, el 27 Festival de Cine de Madrid, ha querido mostrar al mundo el trabajo de más de cien cineastas y realizadoras, con el fin de servir como escaparate a sus obras audiovisuales, demostrando que ellas también son grandes delante y detrás de las cámaras. Esto se ha extendido también a las figuras escogidas para ser homenajeadas este año: la guionista y directora española Inés París y la cineasta rumana Anca Damian, galardonada con el Premio Mirada Internacional.

La elección de Inés parece muy acertada. Algunos pensarán que se podría haber escogido cualquier nombre femenino, pero no están en lo cierto. También importa lo que haya detrás de ese nombre, su obra. Y es que tras Inés París hay cortometrajes y largometrajes, muchos de ellos coescritos y codirigidos junto a Daniela Fejerman, que se construyen en torno a ideas feministas, bastante avanzadas para el momento en el que se mostraron en cines: habla de infidelidades, de relaciones tóxicas a las que hay que saber decir basta, de mujeres que no han nacido para ser madres, de la brecha salarial…

El haber escogido a Anca, por otro lado, no radica tanto en el contenido de su obra como en su lucha como directora, guionista y productora en un mundo del cine rumano, dominado por lo nombres masculinos.

Sus obras han sido proyectadas en las diversas sedes del Festival sin entrar, como es evidente, a concurso, aunque formando parte del total de 224 obras proyectadas en las dos semanas del evento. Junto a este número, hay que remarcar los siguientes: 1136 obras recibidas, 39 nacionalidades, 96 sesiones y 12 sedes.

Palmarés de la 27 edición del Festival, largometraje y cortometraje nacionales (os facilitamos el acceso a sus respectivos trailers):

1. Largometraje nacional. 

  • Mejor largometraje nacional: Faraway Land, de Daniel A. Azpe y Josepmaria Anglès.
  • Premio de la crítica: Ana de día, de Andrea Jaurrieta.
  • Mejor fotografía: Joan Girbau Xalabarder por Faraway Land.
  • Mejor sonido: Daniel Ciaurriz y María Angulo Villar por el sonido de Ana de día.
  • Mejor interpretación: Marta Fuenar por Lady Off.
  • Mejor directora: Paola Gasalvez por El rey negro.
  • Premio del público: Carrasca, de Alejandro Cortés.
  • Mejor largometraje socios PNR: Invierno en Europa, de Polo Menárguez.

2. Cortometraje nacional.