Los Goya 2019 se tiñen de inclusivos

Como los niños de San Ildefonso, así han salido Rossy de Palma y Paco León a anunciar, esta mañana de diciembre, los nominados de los Premios Goya 2019. Los candidatos tendrán que esperar a la gala del 2 de febrero en Sevilla – será la segunda vez que la celebración se produzca fuera de Madrid -, para saber si su nombre será el mencionado como ganador de la escultura de cera y bronce del pintor Francisco de Goya.

Rossy de Palma y Paco León, anunciando las nominaciones – Créditos: EFE

A la 33 edición del máximo galardón del cine español, se han presentado 151 películas, de las que más de un tercio son óperas primas. También concurren 16 cintas iberoamericanas, 47 filmes europeos y 32 cortometrajes.

El reino, con su tratamiento de la trama Gürtel, se alza como gran favorita para llevarse la mayoría de los premios en febrero de 2020. Cuenta con 13 nominaciones, solo seguida de cerca por Campeonesla cinta escogida para representar al cine español en los Oscar – , con un total de 11. Tras estos filmes, se encuentran en número de candidaturas, Todos lo saben y Carmen y Lola, con ocho nominaciones, y Quién te cantará, con siete.

Carmen y Lola es, de entre las cintas más destacadas, la única que destaca por ser la ópera prima de su directora, Aratxa Echevarría, nominada en la candidatura de “Mejor dirección novel”. La bilbaína realizó un anuncio con todas las categorías a las que aspira su largometraje, celebrando el gran logro que esto supone, y agredeciendo las felicitaciones que se han sucedido en la red social, donde califican a la obra de “valiente”, de “innovadora”.

Junto a Echevaría, concurren también en la categoría de “Mejor dirección novel”, César y José Esteban Alenda (Sin fin), Celia Rico (Viaje al cuarto de una madre) y Andrea Jaurrieta (Ana de día), a la que tuvimos el placer de entrevistar en el Festival de Cine de Madrid. Tres mujeres en una categoría, en la que el pasado año, Carla Simón se alzó con el galardón, y con películas con protagonistas capaces de alzar la voz, y de hacer frente a temas muy vedados en el mundo del cine hasta hace apenas unos años.

En el mundo del cortometraje, celebramos las candidaturas en ficción y animación, respectivamente, a Soy una tumba y Matria, ambos incluidos en la recopilación de los mejores cortometrajes nacionales de 2018, que publicamos hace una semana.

El Goya de Honor, ya anunciado antes del evento de hoy, caerá en las manos de Narciso ‘Chico’ Ibáñez Salvador, director de ¿Quién puede matar a un niño?, un thriller de terror que estremeció hasta a Don Mancini, creador de Chucky. El honor parece más nuestro que suyo, entonces.

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Los Oscars de 1963: Jamás existió una enemistad como la suya

Esto es lo que nos cuenta Feud, la última creación de Ryan Murphy de la mano de Jessica Lange y Susan Sarandon

“Anne Bancroft por El Milagro de Ana Sullivan”. Al tiempo que el nombre de la actriz se hacía eco en la sala principal del Santa Monica Civic Auditorium, Joan Crawford dejaba caer su cigarro al suelo apagándolo de un taconazo. Cabeza bien alta, cuello estirado y una sonrisa cargada de malicia, recogía el Óscar que nunca le pertenecería y que deseaba con todas sus fuerzas. Mientras tanto, Bette Davis seguía recuperándose del shock. Por un momento, la mujer con más carácter y quizás talento de Hollywood pensó que había vuelto al ruedo.

¿Qué fue de Baby Jane? será la única obra cinematográfica capaz de reunir a dos leyendas enemigas en un momento en el que sus carreras estaban estancadas: Joan Crawford y Bette Davis. Ambas vieron esta oportunidad como el salvavidas capaz de reflotar su consideración de estrellas. Sin embargo, a diferencia de su compañera de rodaje, Crawford no será nominada por su interpretación coprotagonista; pero una llamada al resto de actrices nominadas pidiendo recoger el galardón en su lugar en caso de que ganasen será la derrota personal, en forma de humillación, que Crawford le hará sufrir a su rival. Por su parte, Bette Davis podría haber hecho historia, podría haber sido la primera actriz en  ser galardonada con tres premios de la Academia (antes de que Katherine Hepburn obtuviera otros tres Óscars convirtiéndola en la mejor actriz del cine clásico, con un total de cuatro premios).

Así  es cómo Crawford sació su deseo de sentir el tacto de la estatuilla dorada por última vez al mismo tiempo que demolía el pedestal de Davis. Una jugada redonda que una vez más terminó con todos los flashes apuntando hacia su tocado, plateado, en la noche del 9 de abril de 1963. Jamás se había preparado tanto para una gala.

Joan, disciplinada y estricta a la vez que obsesa de la limpieza y el orden, no quiso a nadie que no fuese a sí misma. Ni a sus hijos ni a sus maridos. Empezando con un lavado de imagen al crearse el nombre de Joan Crawford dejando atrás a Lucille Fay de Soeur, siempre sintió la necesidad de hacerse respetar. En la cumbre de la Gran Depresión era la actriz a la que todos adoraban y que los hombres más deseaban, pura belleza. Con expresiones faciales marcadas y un rigor inigualable, había nacido para ser apuntada por una cámara, aunque su mejor inversión será su matrimonio con el presidente de Pepsi Cola Alfred Steele del que quedará viuda, convirtiéndose en directora de la compañía durante un tiempo (y heredando también las deudas). Su vida se resume en una mujer dada a sus fans que siempre supo moverse en una industria marcada por el dominio masculino al que se sometió con una increíble superficialidad.

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Bette Davis y Joan Crawford en el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane?

Bette era el talento en persona. Desde sus comienzos en Broadway demostró su perfeccionismo mostrando sus increíbles habilidades, las cuales le sirvieron para cambiarse de industria a la costa oeste. La actriz enseñó su fuerte carácter siempre que pudo. No solo tendrá grandes enfrentamientos con directores, ejecutivos, etc., sino que será la primera en romper el sistema de contratos de los estudios al huir a Londres y demandar a la Warner en 1936. Aseguraba que se había estancado en papeles mediocres y se negaba  a cumplir el largo plazo que imponía el star system. El caso fue resuelto en contra de Davis, la cual tuvo que regresar a Hollywood con la Warner, pero no sin dar pie a que se dieran más casos similares, como el que sucederá en 1943 con su amiga y también actriz Olivia de Havilland. Lo cierto es que este conflicto dio comienzo al periodo más exitoso de su carrera.

Pero para entender la enemistad hace falta remontarse a sus inicios en los 40’. Durante la guerra, Bette era una estrella en auge en la Warner, haciéndose con los mejores papeles. En los cuatro años anteriores al comienzo del conflicto bélico alcanza su máximo reconocimiento al ganar dos Óscars por Peligrosa (1935) y Jezabel (1938). Al mismo tiempo, Joan empezaba a desvanecerse y se ganaba el apodo de “el veneno de las taquillas” por el escaso éxito de sus películas. Así es cómo Crawford no duda en dejar la Metro y firmar por la Warner en un intento de realzar su carrera. Y así lo hizo. En 1945 ganaba el que sería su primer y único Óscar por Alma en suplicio. También será este el filme en el que se realizará el primer emplazamiento de producto como tal en una película en toda la historia del cine. Esa escena en la que Joan se bebe una copa de Jack Daniel’s Bourbon Whisky le iba al pego. Siempre fue muy aficionada a la bebida.

Dos semanas antes de los premios de la Academia, Joan avisó de que no asistiría a la gala por una extraña enfermedad que la tenía postrada en la cama. La prensa hizo eco de su misterioso problema de salud y el jurado, quizás conmovido, se decantó por ella. Sin embargo, la actriz recibió la estatuilla en la cama con un aspecto magnífico y con pocos signos de encontrarse en el estado en el que aseguraba estar. La foto de aquel momento se convirtió en histórica y pocos días después se recuperó casi milagrosamente. Siempre fue una neurótica del éxito.

Joan Crawford recibe el Oscar en cama

El caso es que la actriz servía como garrote perfecto para que la Warner tuviera controlada a la niña rebelde de Bette. Ella tenía un poder inimaginable para cualquier mujer de su época. Era constantemente nominada al Óscar, era costosa, y Joan, además de ser el mensaje de la productora para Davis, era demasiado orgullosa como para quedarse con las sobras de su compañera. No hay espacio para dos mujeres en un pedestal, y ambas estaban determinadas a conseguirlo. A partir de su victoria, Joan interpretaba papeles consistentes de mujeres de cierta edad mientras Bette hacía de chicas florero.

La época de los 50’ y 60’ fue dura para las actrices más mayores. Al finalmente imponerse la ley antimonopolio sobre las cadenas de los majors, el studio system  se desvanecía y se buscaban mujeres de poca edad. Pero Joan y Bette lograron sobrevivir. La primera arrasó a pesar de rodar con coprotagonistas muy jóvenes (como en 1956 con Hojas de otoño) y la segunda consiguió otra nominación al Óscar por su papel en Eva al desnudo (1950). Sin embargo, a finales de los 50’, si bien eran titanes del cine, no se les presentaba ningún proyecto que les permitiera reinventarse y volver a dar otro salto, hasta que sucedió lo inesperado.

El rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? no fue para nada fácil. Ambas actrices se lo pusieron realmente difícil al director, Robert Aldrich, quien no dudó en situar los camerinos de ambas de forma equidistante con el plató. Un buen gesto conciliador por su parte. Una película de serie B que se vendía sola con la fuerte rivalidad de sus protagonistas y que hacía frente al cine protagonizado por chicas como Marilyn Monroe donde unas buenas piernas valían más que cualquier talento. Joan quería volver a ser la chica de moda y Bette un buen guión con el que demostrar sus habilidades. Todo esto a pesar de no tener la frescura de ser jóvenes, con edades que sumaban más de un siglo. Su enemistad era la mejor estrategia de marketing y desde Psicosis de Hitchcock el género de terror estaba en auge, y no había nada más terrorífico que Joan y Bette juntas en escena.

Crawford no tardó en situar una máquina expendedora de Pepsi Cola en el estudio. Siempre era un buen momento para hacer publicidad de su marca. Davis tampoco se quiso quedar atrás, respondiendo con otra máquina expendedora, esta vez de Coca-Cola. Los rodajes se vieron marcados por pequeños rifirrafes del estilo, pero ambas eran conscientes de que su unión era la única posibilidad de conseguir el último repunte en sus carreras.

Y así fue. La obra resultó un éxito rotundo y Bette disfrutó el éxito por las dos. Su interpretación de un personaje tan esperpéntico como ella le hizo brillar en las críticas. Y eso a Joan le ardía por dentro. Acababa de ser eclipsada por su archienemiga en un proyecto que ella misma había propuesto. La estocada final sucedió en el momento en el que se anunciaron las nominaciones a los Óscar: Bette era una nominada indiscutible y Joan, para su sorpresa, se había quedado fuera. Si nunca habían escondido su enemistad, a partir de ahora será la comidilla de Hollywood. Por suerte para Joan, las decisiones de la industria se movían más por contactos y encumbramientos que por transparencia y diligencia profesional. Y ahí entra en juego la prensa sensacionalista hollywoodiense y en especial el papel de Hedda Hopper (enemiga de la también crítica Louella Parsons), la llamada “serpiente de Hollywood”. No existía actor o actriz que no la temiese por sus duras críticas capaces de dirigir la opinión pública hacia el bando que desease. Si bien en un principio se dedicó a alimentar la rivalidad entre las actrices, llegado el momento decisivo no dudó en apoyar a Crawford en su campaña contra Bette. Además de que Joan y Hedda eran amigas ocasionales, Bette no había nacido en la industria, era una extranjera proveniente de Broadway, y era motivo suficiente para no merecer el galardón. Así comenzaron los preparativos para la humillación de Bette Davis en la gala de los Óscar de 1963, la tensión convertida en ambiente.

Fue uno de los mayores retos a los que me enfrenté. Lo digo de manera amable. Bette tiene un temperamento muy diferente al mío. Tenía que gritar todas las mañanas. Yo me sentaba y calcetaba. Calceté una bufanda que iba desde Hollywood hasta Malibú”, aseguraba Joan. Sin embargo, las dos leyendas tenían más puntos en común que diferencias. Joan compitió con Davis toda su carrera por hombres, papeles y portadas de revistas; pero las dos eran muy exigentes consigo mismas, querían hacerse respetar y necesitaban sentirse queridas. Por desgracia ellas no inventaban las normas por las que se regía Hollywood y demasiadas personas se beneficiaban de su enemistad. Ambas eran supervivientes.

Por su parte, Bette admiraba a Crawford: “Joan Crawford y yo nunca hemos sido buenas amigas. No somos agradables. La admiro pero eso no impide que me sienta incómoda junto a ella. Para mí es la personificación de la estrella de cine. Siempre he pensado que la mejor interpretación de Crawford es la de Crawford”.

Una el talento y otra la presencia, sabían que las dos maldiciones de ser una estrella de cine eran el alcoholismo y la soledad. Aunque lo segundo podrían haberlo solucionado con un cigarro y una copa de whisky.

Sobre la dirección fotográfica

La Biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid inicia este año un nuevo proyecto que ya ha cautivado a varios estudiantes: el Club Internacional de Cine. Irene Garmtz fue la invitada de la semana pasada e impartió el pasado miércoles una sesión sobre la dirección fotográfica en una rebosante sala multiusos.

Irene comenzó enseñándonos la influencia de la iluminación en la manera de caracterizar a un personaje. Así, Marlon Brando tiene un aspecto muy distinto en El Padrino y en El último Tango en París aunque ambas películas sean del mismo año (1972)de forma que la luz ayuda a definir ciertos rasgos de un personaje que el espectadora vinculará a una personalidad determinada. La narrativa va de la mano de la fotografía.

Tras aclarar el concepto de dirección fotográfica, algo nublado en la mente de algunos estudiantes, Irene guió a los allí presentes por un recorrido con paradas en sus tres películas favoritas desde la perspectiva  fotográfica: The Neon Demon, Mommy y Una chica vuelve sola de noche. Su elección fue muy acertada para mostrar los diferentes tipos de filtraje en cámara o recursos fotográficos empleados por los directores de fotografía de sendas películas.

En una escena de The Neon Demon en la que los comentarios de los personajes resultan muy impostados y falsos, la iluminación se acompasó  a la narrativa con luces de neón muy irreales en el baño de una discoteca haciendo honor al título de la película. Irene nos reveló que gran parte de las escenas de esta película se consiguieron aplicando vaselinas en el objetivo de la cámara, en su mayoría angulares para sugerir una sensación de claustrofobia en el espectador.

El caso de Mommy es de los más impactantes: el encuadre de la película acompaña a los sentimientos del protagonista, un niño afectado por la enfermedad de su madre que al principio se nos presenta como muy cohibido. Pero en un determinado momento- lamentamos el spoiler estético- dicho encuadre se rompe mientras el niño monta en su skate con un Oasis más liberador que nunca sonando de fondo. También hay que resaltar el contraste entre la luz natural que ilumina a los personajes durante la mayor parte del metraje y una escena en la que la luz está coloreada artificialmente.

El último film de la trilogía fue Una chica vuelve a casa sola de noche, con una fotografía dominada por el blanco y negro que contrasta a la perfección con las otras dos películas que nos expuso Garmtz.

A las directoras de fotografía también les toca vivir con ese dejà vu que las impide tomar las riendas en muchas grandes producciones o en largometrajes, quedando relegadas al ámbito de la publicidad o de los mediometrajes. Y para erizar todavía más el vello, destacamos que ninguna mujer ha ganado el Oscar a Mejor Dirección Fotográfica y que solamente una ha estado nominada a un Goya, Cristina Trenas, por New York Shadows.

“Esta categoría siempre ha estado muy dominada por hombres, así que estoy entusiasmada, no me lo creo; no es un tópico decir que para mí, la nominación ya es el premio”, estas fueron las primeras palabras de Cristina tras recibir la expectante noticia. New York Shadows, la película que  llevó su nombre a lo más alto “es muy experimental y de bajo presupuesto, de hecho éramos un equipo hiperreducido y desde el principio supimos que todos íbamos a tener que hacer de todo”, señaló Trena.

Como se ve, la mayor parte de nombres que aparecen en los créditos de cualquier película que nos terciemos a ver son hombres, pero no porque a las mujeres no nos interese este mundo y prefiramos no formarnos ni dedicarnos a él. Las profesionales de este sector ven inalcanzable llegar a formar parte del equipo de una superproducción, por lo tanto, están escondidas pero a la vez dando mucha guerra en pequeñas producciones o en cortos como se ha dicho, mientras que el punto de vista de las grandes películas lo ofrecen ellos.

Cristina opinó de su nominación, allá por 2014, que “supone un gran paso en la normalización de la presencia de las mujeres en esta especialidad, los académicos han vencido el machismo del que muchas veces se les acusa y han considerado el trabajo de una mujer en una película pequeña”.

Tras este paréntesis reivindicativo, vamos a repasar las 12 películas con mejor dirección fotográfica para Scout Tafoya, que publicó una lista en Fandor tras encuestar a seis críticos y expertos en cine.

EL ÁRBOL DE LA VIDA’ (TERRENCE MALICK, 2011)

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Director de fotografía: Emmanuel Lubezki.

‘APOCALYPSE NOW’ (FRANCIS FORD COPPOLA, 1979)

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Director de fotografía: Vittorio Storaro.

‘BARRY LYNDON’ (STANLEY KUBRICK, 1975)

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Director de fotografía: John Alcott. Destaca el trabajo de Alcott al iluminar la película únicamente con luces naturales como la de las velas.

DÍAS DEL CIELO’ (TERRENCE MALICK, 1978)

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Directores de fotografía: Néstor Almendros y Haskell Wexler. Esta película fue rodada únicamente durante “la hora mágica”, que se corresponde con la puesta de sol.

‘LOS VIVIDORES’ (ROBERT ALTMAN, 1971)

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Director de fotografía: Vilmos Zsigmond. El estilo está definido por una paleta pastel destilada con filtros dobles y humo.

‘EL CONFORMISTA’ (BERNARDO BERTOLUCCI, 1970)

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Director de fotografía: Vittorio Storaro. Se emplean tonos azules como símbolo de libertad.

‘2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO’ (STANLEY KUBRICK, 1968)

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Director de fotografía: Geoffrey Unsworth.

‘LA NOCHE DEL CAZADOR’ (CHARLES LAUGHTON, 1955)

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Director: Stanley Cortez.

‘LAS ZAPATILLAS ROJAS’ (MICHAEL POWELL Y EMERICH PRESSBURGER, 1948)

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Director de fotografía: Jack Cardiff.

‘EL CUARTO MANDAMIENTO’ (ORSON WELLES, 1942)

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Director de fotografía: Stanley Cortez.

‘CIUDADANO KANE’ (ORSON WELLES, 1941)

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Director de fotografía: Gregg Toland

‘AMANECER’ (F.W. MURNAU, 1927)

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Directores de fotografía: Karl Struss y Charles Rosher.

Cuando la violencia machista llega al cine

Seguro que más de una jumpkater coreaba este domingo el grito de “Ni una menos”. La ONU declaró el 25 de noviembre el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conmemorando el asesinato de Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas que se opusieron al régimen del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo tratando de restaurar la democracia para el país.

Pero la mayoría de casos de violencia machista no son tan mediáticos y suceden en cualquier escenario, ya sea un instituto, la calle o el propio domicilio familiar. Parece que para la sociedad las cifras de asesinatos machistas son números vacíos sin nombre, sin familia y sin proyectos de vida. Todavía tenemos miedo cuando vamos por la calle o incluso con una amiga, todavía se nos cuestiona nuestra profesionalidad en la mayoría de empleos, todavía se nos juzga por nuestra forma de vestir o por nuestra forma de hablar… y así podríamos recitar una retahíla de casos en los que quizá no haya ninguna muerte física, pero vivir con miedo por el simple hecho de pertenecer a un género no debería estar permitido.

El cine a veces actúa como un aliado de la causa que pretende remover las conciencias que no consiguen despertar los informativos o la prensa. El equipo de JumpKat ha seleccionado cinco películas para que veas o para que recomiendes al pesado de turno que “ni machismo ni feminismo, igualdad”.

  1. TE DOY MIS OJOS

Protagonizada por Laia Marull y Luis Tosar y dirigida por Iciar Bollaín, la película retrata un caso de violencia doméstica reflejando las diferentes fases que atraviesa Antonio (Tosar). Pilar (Marull) huye con su hijo tras varios episodios de maltrato que ha sufrido en silencio. La película, ganadora de siete premios Goya, expone el miedo, el control y el chantaje emocional a los que se someten las víctimas de este tipo de violencia.

 

        2. EL COLOR PÚRPURA

Dirigida por Steven Spielberg y nominada once veces a los Oscar, narra la historia de una mujer negra (Whoopi Goldberg) que ha sido violada varias veces por su padre, quien después la vende a un hombre que la maltrata. La protagonista, Celie, igual que la Pilar de Bollaín, sufre en silencio las agresiones. A pesar de ello, la película es una oda a la liberación de las mujeres que se aprecia en el crecimiento y en la evolución del personaje de Goldberg, que acaba convertida en una mujer plenamente independiente.

 

3. LAS ELEGIDAS

Desgarradora historia sobre la trata de blancas que dirige David Pablos y presume de cinco premios Ariel en su palmarés. En la película, dos adolescentes (Ulises y Sofía) se enamoran. La familia del chico dirige una red de prostitución y Ulises colabora en el negocio familiar seduciendo a chicas jóvenes para su posterior explotación sexual. Sofía será una más en el engaño de Ulises.

 

4. TOMATES VERDES FRITOS

Además de la violencia de género, la película aborda la discriminación racial. En ella, Evelyn (Kathy Bates) conoce en un asilo a Ninny (Jessica Tandy), una mujer de avanzada edad que consigue atrapar a Evelyn con una dramática historia sobre dos amigas y el asesinato del marido de una de ellas, del que más tarde se revelará que era un maltratador. Gracias a la historia, Evelyn consigue desprenderse del papel de ama de casa para dar un giro a su vida y empezar a cuidarse a sí misma.

 

  1. DURMIENDO CON EL ENEMIGO

Algunas historias al más puro estilo hollywoodiense han incorporado en sus tramas algún drama sobre violencia de género. Este es un claro ejemplo de ello. La película está protagonizada por Julia Roberts, quien da vida a Laura, una mujer continuamente golpeada y abusada por su marido Martin. Un día , la chica decide desaparecer haciendo creer a su marido que está muerta. Al final, el hombre encontrará el paradero de Laura dispuesto a matarla, pero Laura ha rehecho su vida y es una mujer más fuerte de lo que él piensa.

 

Alcine, millenials en corto

Alcine, el Festival Internacional de Alcalá de Henares, ha vuelto este año para celebrar su 48ª Edición. Especialmente dedicado al hermano pobre del largometraje, Alcine ha logrado alzarse como cita anual obligada para todos los cinéfilos. A falta de la distribución comercial que merece el corto, este tipo de eventos constituyen una oportunidad para adentrarse en el cosmos del celuloide en pequeño formato; porque pequeño no es sinónimo de peor.

El festival, nacido en los 70 para reivindicar el cortometraje español, ha ido cayendo, a lo largo de sus muchas ediciones, en la tentación de exhibir largometrajes (como todo buen Festival Internacional que se precie). Y después de todo, lo ha conseguido. El pasado año, Alcine fue elegido festival calificador para optar a los Oscar. Por lo que Kafenio Kastelo de Miguel Ángel Jiménez y Cadoul de craciun, de Bogdan Muresanu, primeros en las secciones nacional e internacional respectivamente, tendrán como verdadero premio la posibilidad de participar en la selección de los galardones más codiciados del mundo cinematográfico.

Los realizadores más jóvenes han sido recibidos con los brazos abiertos, porque en esta ocasión, la edición se ha dedicado expresamente a la generación millenial– aquellos que por los 80 perdieron el cordón umbilical para conectarse a un mundo digitalizado- y las nuevas tecnologías. Revolución que ha afectado a la forma de concebir el audiovisual en corto.

Kafenio Kastelo es la prueba fehaciente de que las cosas se encuentran cuando menos las buscas. De forma improvisada, mientras el director, Miguel Ángel Jiménez, y su equipo buscaban localizaciones en Atenas para otra película, se fue gestando este corto documental de 19 minutos que ahora merece el primer premio de este certamen. Cuatro noches en un café, un grupo de amigos y un ambiente en crisis que se degrada a cada paso, son los elementos principales de esta original cinta.

El Segundo Premio “Ciudad de Alcalá” ha sido para No me despertéis (2018), de Sara Fantova.  La cinta, trabajo de fin de carrera de Fantova, ha sido producido con la ayuda de la ESCAC -que, por qué no decirlo, está formando una de las mejores canteras de futuros cineastas-  y también ha contado con la financiación de la conocida plataforma de crowdfunding, Verkami, ganándose un empujón de más de 3.000 euros. Respecto a la trama, como suele pasar con la mayoría de creadores jóvenes, el corto es de tono autobiográfico. La directora cuenta su propia historia, la de una adolescente que en el instituto respira reivindicativo y abertzale. Todo normal, hablamos del País Vasco. Los problemas vienen cuando un día, su padre asume un cargo político en el Gobierno Vasco. Este episodio, algo traumático, supone un cambio drástico en su vida.

El bronce de “Ciudad de Alcalá” se lo lleva otro corto vasco, Zain (2018). El director, Pello Gutiérrez Peñalba, define la obra como “una comedia triste y minimalista”. Sin más que una frase por sinopsis, prefiere mostrarse enigmática, a destriparse para ganar audiencia. No dice más, y lo dice todo; no quiere preguntas, ni da respuestas.

Bad Lesbian (2017), cinta escrita y dirigida por Irene Moray, se ha ganado el beneplácito del público por exhibirse sin tapujos y desvergonzada. Sí, entretiene. Sí, parece el piloto de una web serie. Pero merece el premio por reflejar anecdóticamente las interferencias en relaciones de los jóvenes provocadas por lo absurdo de las poses y las modas.

De l’amitié (2018) se ha alzado como el corto con las mejores interpretaciones; tanto femenina –Chloé Chevalier– como masculina –Sylvain Sounier. Como corto animado, destaca el original Patchwork (2018), de María Manero, que se ha llevado el Premio Movistar+. Y no se sabe si por su inexistencia o su mal uso, el premio de Efectos Especiales -asignatura pendiente del cine español- ha quedado desierto.

 

Por la parte europea, la máxima ganadora del premio “Alcine” ha sido Cadoul de craciun (regalo de navidad) del rumano Bogdan Muresanu. Ambientada en una Navidad de 1989, tiempos de la represión de Ceausescu, el corto sorprende por la sencillez y verosimilitud con la que mira la historia reciente. Nos traslada por completo a ella, y consigue adentrar al espectador extranjero con una facilidad asombrosa en el clima paranoico que se vivía en el país por aquella época.

Fuck you, de Anette Sidor, y Cadavre exquis, de Stéphanie Lansaque, han ganado el segundo y tercer Premio “Alcine”. En esta misma Sección Internacional, el Premio del Público se ha decantado por Tamtej nocy (2018) de Pat Howl Kostyszyn. Por último, el corto ‘Don Ruperto’, de Irma Orozco, ha recibido el Premio del Jurado Infantil de ‘Alcine Kids’.

Esta edición ha batido récords de trabajos (se han presentado hasta 1.151 obras) y de espectadores (hasta 1.200 en la última semana). Para aquellos alcalaínos y alcalaínas a los que se les haya pasado cita, aun están a tiempo de asistir este fin de semana a la proyección de los ganadores en el Teatro Salón Cervantes. Y si ya están cansados de tanto corto, hasta el 25 de noviembre en el Antiguo Hospital de Santa María La Rica, también se podrá disfrutar de la exposición gratuita Alcine VR: viaje al centro del multiverso, que muestra, tal y como señaló el director del festival Luis Mariano González, “el futuro del cine”.

Palmarés 48ª Edición Festival Internacional de Alcalá de Henares

Certamen Nacional de Cortometrajes

Primer Premio ‘Ciudad de Alcalá’
kafenio Kastello (2018), de Miguel Ángel Jiménez

Segundo Premio ‘Ciudad de Alcalá’
No Me Despertéis (2018), de Sara Fantova.

Tercer Premio ‘Ciudad de Alcalá’
Zain (2017), de Pello Gutiérrez Peñalba.

  • Premio ‘Comunidad de Madrid’
    De l’amitié (2018), de Pablo García Canga.
  • Premio Escuela Superior de Imagen y Sonido (Ces) al mejor sonido
    Luiz Lepchak por El espectáculo (2017)
  • Premio Alma al Mejor Guion
    María Cañas por La cosa vostra (2018)
  • Premio Weblab a la mejor fotografía
    Juan Carlos H. Villareal por El espectáculo (2017)
  • Trofeo Alcine a la mejor interpretación femenina
    Chloé Chevalier, por De l’amitié (2018)
  • Trofeo Alcine a la mejor interpretación masculina
    Sylvain Sounier y Maxime Kerzanet, por De l’amitié (2018)
  • Trofeo Alcine al mejor montaje
    Antonio Trullén, por Mi amado, las montañas (2017)
  • Trofeo Alcine a la mejor música original
    Joseba Beristain, por La Noche (2017)
  • Trofeo Alcine a la mejor dirección artística
    Oier Villar y Rebeca Wilkinson, por ZAIN (2018)
  • Trofeo Alcine a los mejores efectos especiales
    Premio desierto.
  • Premio Movistar+
    Patchwork (2016), de María Manero.
  • Premio del público del Certamen Nacional
    Bad Lesbian (2017), de Irene Moray.

Certamen Europeo de Cortometrajes

Primer Premio ‘Alcine’
Cadoul de craciun (2018), de Bogdan Muresanu.

Segundo Premio ‘Alcine’
Fuck you (2018), de Anette Sidor.

Tercer Premio ‘Alcine’
Cadavre Exquis (2017), de Stéphanie Lansaque y François Leroy.

  • Premio del público
    Tamtej Nocy (2018), de Pat Howl Kostyszyn.
  • Pantalla Abierta para Nuevos Realizadores
    Muchos hijos, un mono y un castillo (2017), de Gustavo Salmerón.
  • Pantalla Cero
    Most beautiful island (2017), de Ana Asensio
  • Alcine Kids
    Premio del jurado infantil
    Don Ruperto (2017), de Irma Orozco

Mapa Alcine