The Walt Disney Company, ¿qué te está pasando?

Hablar de Disney, ya no es hablar solamente de películas animadas. Con el paso de los años, la compañía ha ido apoderándose de las grandes productoras de cine del momento, hasta abarcar el conglomerado que hoy en día es: Walt Disney Pictures, Pixar Animation Studios, American Broadcasting Company (ABC), Buena Vista Motion Pictures Group, Lucasfilm, Marvel Entertainment, y la más reciente, 21st Century Fox. Es por tanto, que el término de “películas de Disney” ya no sólo son películas animadas de princesas, sino que también hay superhéroes y guerreros, gente de calle y “gente de galaxia”. Por esa misma razón, la productora primogénita, Walt Disney Studios, está viendo un cambio radical tanto en la forma de contar las historias, como en su contenido. 

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La sociedad ha evolucionado, y por lo que respecta a derechos humanos, a pasos agigantados afortunadamente. Hace unos años, acostumbrábamos a ver princesas que no podían vivir ni tenían sentido sin su príncipe. No obstante, y a partir de los 90 principalmente, empezaron a llegar una nueva generación de princesas mucho más guerreras, y mucho más independientes. De hecho, en el último de sus estrenos, Ralph rompe Internet (Rich Moore y Phil Johnston, Walt Disney Pictures 2018) han querido dejar claro este cambio de forma evidente. Por primera vez en la historia de la compañía, se ha decidido hacer un crossover juntando en el mismo film a todas las Princesas Disney, con un guión pícaro y humorístico en el que Vanellope Von Schweetz, protagonista de la película, no entiende el comportamiento de sus compañeras, incluso riéndose de ellas parodiando sus números musicales. ¿Cómo de bueno es este nivel de autocrítica por parte de la productora?

Además de todas las princesas, Ralph rompe Internet aprovecha para “alardear” de todo lo que es la compañía. Es por esa misma razón por la que podemos encontrar personajes como BuzzLightyear (Toy Story, Pixar Animation Studios 1995), Groot (Guardianes de la Galaxia, Marvel 2014), o Stormtroopers (Star Wars, Lucasfilm 1977). De hecho, incluso en la escena en la que se encuentran todas las Princesas Disney, Vanellope se sorprende porque no logra entender a la princesa Mérida (Brave, Pixar Animation Studios 2012), la única princesa considerada como tal que pertenece a otra productora que no es Walt Disney Pictures.

Film Review Beauty and the Beast

Pero el cambio de mentalidad de Disney no sólo lo vemos en las princesas. En sus últimas entregas, la productora está dejando claro que está abierta a mostrar un mundo más real por lo que a las personalidades de sus personajes se refiere. Por ese motivo, podemos encontrar como cada vez más se trata con más normalidad el tema de la homosexualidad en sus películas. De hecho, podemos encontrar personajes abiertamente LGTBI+, como Lefou (Josh Gad) del remake de La Bella y La Bestia (Bill Condon, Walt Disney Pictures 2017). Las críticas por esta interpretación del personaje no tardaron en llegar, pero los directivos de la compañía decidieron obviarlas, e incluso poniendo en duda la orientación sexual de personajes míticos como Terkina (Tarzán, Walt Disney Pictures 1999), Francis (Bichos, Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios 1998 ), El Genio (Aladdín, Walt Disney Pictures 1992) o la más sorprendente de todas, la Princesa Elsa de Arandelle (Frozen, Walt Disney Pictures 2012). De hecho, los rumores para la segunda parte de la película giran alrededor de ésta idea: la primera Princesa Disney homosexual.

No obstante, y como he dicho anteriormente, los cambios no sólo se perciben en el contenido de las historias, sino también en la forma en la que están contadas. La compañía tiene como personaje de referencia a Mickey Mouse, todos sus compañeros, y todas sus princesas. Pero sorprendentemente, no hay expectativas de futuro para la compañía para presentar una nueva princesa a corto plazo. Esto no significa que no vayan a haber películas de las productoras, simplemente es que apuestan por material de éxito seguro, es decir, han puesto de moda los remakes (volver a realizar una película pero adaptándola en su forma y contenido a la actualidad, especialmente en Live Action, es decir, adaptar películas de animación pero en acción real), y las secuelas, es decir, crear grandes sagas de sus películas y no crear un universo para una sola entrega.

Entre los últimos grandes éxitos de la compañía podemos encontrar ejemplos de ambos caminos: tras 14 años, el pasado verano se estrenó la que se considera la película de animación del año, Los Increíbles 2 (Brad Bird, Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios 2018); o el remake de una de las míticas películas de la productora, como es La Bella y La Bestia (Bill Condon, Walt Disney Pictures, 2017).

El éxito y la buena acogida de estos casos, ha hecho que la compañía haga oficial el calendario de sus próximas películas, entre las que podemos encontrar un sinfín de secuelas, como Toy Story 4 (21 de junio de 2019), o Frozen 2 (22 de noviembre de 2019). Aunque los fans de la productora están entusiasmados por los próximos estrenos de remakes más que por las secuelas, y es que Disney ha preparado las películas de acción real de Dumbo (29 de marzo de 2019), Aladdín (24 de mayo de 2019), o El Rey León (19 de julio de 2019). Pero no os asustéis, porque está claro que la compañía también estrenará nuevo contenido, como Artemis Fowl (9 de agosto de 2019), o el nuevo trabajo de la filial estrella de la compañía, Pixar Animation Studios, Onward (6 de marzo de 2020), que además estará protagonizada por Chris Pratt y Tom Holland.

Por tanto, podemos ver que Disney está cambiando. Habrá gente que para bien, otra gente estará disgustada por el nuevo camino de las tramas de sus historias. Lo que está claro es que Disney no se va a cansar de darnos lo que mejor sabe hacer: magia.

Los Goya 2019 se tiñen de inclusivos

Como los niños de San Ildefonso, así han salido Rossy de Palma y Paco León a anunciar, esta mañana de diciembre, los nominados de los Premios Goya 2019. Los candidatos tendrán que esperar a la gala del 2 de febrero en Sevilla – será la segunda vez que la celebración se produzca fuera de Madrid -, para saber si su nombre será el mencionado como ganador de la escultura de cera y bronce del pintor Francisco de Goya.

Rossy de Palma y Paco León, anunciando las nominaciones – Créditos: EFE

A la 33 edición del máximo galardón del cine español, se han presentado 151 películas, de las que más de un tercio son óperas primas. También concurren 16 cintas iberoamericanas, 47 filmes europeos y 32 cortometrajes.

El reino, con su tratamiento de la trama Gürtel, se alza como gran favorita para llevarse la mayoría de los premios en febrero de 2020. Cuenta con 13 nominaciones, solo seguida de cerca por Campeonesla cinta escogida para representar al cine español en los Oscar – , con un total de 11. Tras estos filmes, se encuentran en número de candidaturas, Todos lo saben y Carmen y Lola, con ocho nominaciones, y Quién te cantará, con siete.

Carmen y Lola es, de entre las cintas más destacadas, la única que destaca por ser la ópera prima de su directora, Aratxa Echevarría, nominada en la candidatura de “Mejor dirección novel”. La bilbaína realizó un anuncio con todas las categorías a las que aspira su largometraje, celebrando el gran logro que esto supone, y agredeciendo las felicitaciones que se han sucedido en la red social, donde califican a la obra de “valiente”, de “innovadora”.

Junto a Echevaría, concurren también en la categoría de “Mejor dirección novel”, César y José Esteban Alenda (Sin fin), Celia Rico (Viaje al cuarto de una madre) y Andrea Jaurrieta (Ana de día), a la que tuvimos el placer de entrevistar en el Festival de Cine de Madrid. Tres mujeres en una categoría, en la que el pasado año, Carla Simón se alzó con el galardón, y con películas con protagonistas capaces de alzar la voz, y de hacer frente a temas muy vedados en el mundo del cine hasta hace apenas unos años.

En el mundo del cortometraje, celebramos las candidaturas en ficción y animación, respectivamente, a Soy una tumba y Matria, ambos incluidos en la recopilación de los mejores cortometrajes nacionales de 2018, que publicamos hace una semana.

El Goya de Honor, ya anunciado antes del evento de hoy, caerá en las manos de Narciso ‘Chico’ Ibáñez Salvador, director de ¿Quién puede matar a un niño?, un thriller de terror que estremeció hasta a Don Mancini, creador de Chucky. El honor parece más nuestro que suyo, entonces.

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Los Oscars de 1963: Jamás existió una enemistad como la suya

Esto es lo que nos cuenta Feud, la última creación de Ryan Murphy de la mano de Jessica Lange y Susan Sarandon

“Anne Bancroft por El Milagro de Ana Sullivan”. Al tiempo que el nombre de la actriz se hacía eco en la sala principal del Santa Monica Civic Auditorium, Joan Crawford dejaba caer su cigarro al suelo apagándolo de un taconazo. Cabeza bien alta, cuello estirado y una sonrisa cargada de malicia, recogía el Óscar que nunca le pertenecería y que deseaba con todas sus fuerzas. Mientras tanto, Bette Davis seguía recuperándose del shock. Por un momento, la mujer con más carácter y quizás talento de Hollywood pensó que había vuelto al ruedo.

¿Qué fue de Baby Jane? será la única obra cinematográfica capaz de reunir a dos leyendas enemigas en un momento en el que sus carreras estaban estancadas: Joan Crawford y Bette Davis. Ambas vieron esta oportunidad como el salvavidas capaz de reflotar su consideración de estrellas. Sin embargo, a diferencia de su compañera de rodaje, Crawford no será nominada por su interpretación coprotagonista; pero una llamada al resto de actrices nominadas pidiendo recoger el galardón en su lugar en caso de que ganasen será la derrota personal, en forma de humillación, que Crawford le hará sufrir a su rival. Por su parte, Bette Davis podría haber hecho historia, podría haber sido la primera actriz en  ser galardonada con tres premios de la Academia (antes de que Katherine Hepburn obtuviera otros tres Óscars convirtiéndola en la mejor actriz del cine clásico, con un total de cuatro premios).

Así  es cómo Crawford sació su deseo de sentir el tacto de la estatuilla dorada por última vez al mismo tiempo que demolía el pedestal de Davis. Una jugada redonda que una vez más terminó con todos los flashes apuntando hacia su tocado, plateado, en la noche del 9 de abril de 1963. Jamás se había preparado tanto para una gala.

Joan, disciplinada y estricta a la vez que obsesa de la limpieza y el orden, no quiso a nadie que no fuese a sí misma. Ni a sus hijos ni a sus maridos. Empezando con un lavado de imagen al crearse el nombre de Joan Crawford dejando atrás a Lucille Fay de Soeur, siempre sintió la necesidad de hacerse respetar. En la cumbre de la Gran Depresión era la actriz a la que todos adoraban y que los hombres más deseaban, pura belleza. Con expresiones faciales marcadas y un rigor inigualable, había nacido para ser apuntada por una cámara, aunque su mejor inversión será su matrimonio con el presidente de Pepsi Cola Alfred Steele del que quedará viuda, convirtiéndose en directora de la compañía durante un tiempo (y heredando también las deudas). Su vida se resume en una mujer dada a sus fans que siempre supo moverse en una industria marcada por el dominio masculino al que se sometió con una increíble superficialidad.

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Bette Davis y Joan Crawford en el rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane?

Bette era el talento en persona. Desde sus comienzos en Broadway demostró su perfeccionismo mostrando sus increíbles habilidades, las cuales le sirvieron para cambiarse de industria a la costa oeste. La actriz enseñó su fuerte carácter siempre que pudo. No solo tendrá grandes enfrentamientos con directores, ejecutivos, etc., sino que será la primera en romper el sistema de contratos de los estudios al huir a Londres y demandar a la Warner en 1936. Aseguraba que se había estancado en papeles mediocres y se negaba  a cumplir el largo plazo que imponía el star system. El caso fue resuelto en contra de Davis, la cual tuvo que regresar a Hollywood con la Warner, pero no sin dar pie a que se dieran más casos similares, como el que sucederá en 1943 con su amiga y también actriz Olivia de Havilland. Lo cierto es que este conflicto dio comienzo al periodo más exitoso de su carrera.

Pero para entender la enemistad hace falta remontarse a sus inicios en los 40’. Durante la guerra, Bette era una estrella en auge en la Warner, haciéndose con los mejores papeles. En los cuatro años anteriores al comienzo del conflicto bélico alcanza su máximo reconocimiento al ganar dos Óscars por Peligrosa (1935) y Jezabel (1938). Al mismo tiempo, Joan empezaba a desvanecerse y se ganaba el apodo de “el veneno de las taquillas” por el escaso éxito de sus películas. Así es cómo Crawford no duda en dejar la Metro y firmar por la Warner en un intento de realzar su carrera. Y así lo hizo. En 1945 ganaba el que sería su primer y único Óscar por Alma en suplicio. También será este el filme en el que se realizará el primer emplazamiento de producto como tal en una película en toda la historia del cine. Esa escena en la que Joan se bebe una copa de Jack Daniel’s Bourbon Whisky le iba al pego. Siempre fue muy aficionada a la bebida.

Dos semanas antes de los premios de la Academia, Joan avisó de que no asistiría a la gala por una extraña enfermedad que la tenía postrada en la cama. La prensa hizo eco de su misterioso problema de salud y el jurado, quizás conmovido, se decantó por ella. Sin embargo, la actriz recibió la estatuilla en la cama con un aspecto magnífico y con pocos signos de encontrarse en el estado en el que aseguraba estar. La foto de aquel momento se convirtió en histórica y pocos días después se recuperó casi milagrosamente. Siempre fue una neurótica del éxito.

Joan Crawford recibe el Oscar en cama

El caso es que la actriz servía como garrote perfecto para que la Warner tuviera controlada a la niña rebelde de Bette. Ella tenía un poder inimaginable para cualquier mujer de su época. Era constantemente nominada al Óscar, era costosa, y Joan, además de ser el mensaje de la productora para Davis, era demasiado orgullosa como para quedarse con las sobras de su compañera. No hay espacio para dos mujeres en un pedestal, y ambas estaban determinadas a conseguirlo. A partir de su victoria, Joan interpretaba papeles consistentes de mujeres de cierta edad mientras Bette hacía de chicas florero.

La época de los 50’ y 60’ fue dura para las actrices más mayores. Al finalmente imponerse la ley antimonopolio sobre las cadenas de los majors, el studio system  se desvanecía y se buscaban mujeres de poca edad. Pero Joan y Bette lograron sobrevivir. La primera arrasó a pesar de rodar con coprotagonistas muy jóvenes (como en 1956 con Hojas de otoño) y la segunda consiguió otra nominación al Óscar por su papel en Eva al desnudo (1950). Sin embargo, a finales de los 50’, si bien eran titanes del cine, no se les presentaba ningún proyecto que les permitiera reinventarse y volver a dar otro salto, hasta que sucedió lo inesperado.

El rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? no fue para nada fácil. Ambas actrices se lo pusieron realmente difícil al director, Robert Aldrich, quien no dudó en situar los camerinos de ambas de forma equidistante con el plató. Un buen gesto conciliador por su parte. Una película de serie B que se vendía sola con la fuerte rivalidad de sus protagonistas y que hacía frente al cine protagonizado por chicas como Marilyn Monroe donde unas buenas piernas valían más que cualquier talento. Joan quería volver a ser la chica de moda y Bette un buen guión con el que demostrar sus habilidades. Todo esto a pesar de no tener la frescura de ser jóvenes, con edades que sumaban más de un siglo. Su enemistad era la mejor estrategia de marketing y desde Psicosis de Hitchcock el género de terror estaba en auge, y no había nada más terrorífico que Joan y Bette juntas en escena.

Crawford no tardó en situar una máquina expendedora de Pepsi Cola en el estudio. Siempre era un buen momento para hacer publicidad de su marca. Davis tampoco se quiso quedar atrás, respondiendo con otra máquina expendedora, esta vez de Coca-Cola. Los rodajes se vieron marcados por pequeños rifirrafes del estilo, pero ambas eran conscientes de que su unión era la única posibilidad de conseguir el último repunte en sus carreras.

Y así fue. La obra resultó un éxito rotundo y Bette disfrutó el éxito por las dos. Su interpretación de un personaje tan esperpéntico como ella le hizo brillar en las críticas. Y eso a Joan le ardía por dentro. Acababa de ser eclipsada por su archienemiga en un proyecto que ella misma había propuesto. La estocada final sucedió en el momento en el que se anunciaron las nominaciones a los Óscar: Bette era una nominada indiscutible y Joan, para su sorpresa, se había quedado fuera. Si nunca habían escondido su enemistad, a partir de ahora será la comidilla de Hollywood. Por suerte para Joan, las decisiones de la industria se movían más por contactos y encumbramientos que por transparencia y diligencia profesional. Y ahí entra en juego la prensa sensacionalista hollywoodiense y en especial el papel de Hedda Hopper (enemiga de la también crítica Louella Parsons), la llamada “serpiente de Hollywood”. No existía actor o actriz que no la temiese por sus duras críticas capaces de dirigir la opinión pública hacia el bando que desease. Si bien en un principio se dedicó a alimentar la rivalidad entre las actrices, llegado el momento decisivo no dudó en apoyar a Crawford en su campaña contra Bette. Además de que Joan y Hedda eran amigas ocasionales, Bette no había nacido en la industria, era una extranjera proveniente de Broadway, y era motivo suficiente para no merecer el galardón. Así comenzaron los preparativos para la humillación de Bette Davis en la gala de los Óscar de 1963, la tensión convertida en ambiente.

Fue uno de los mayores retos a los que me enfrenté. Lo digo de manera amable. Bette tiene un temperamento muy diferente al mío. Tenía que gritar todas las mañanas. Yo me sentaba y calcetaba. Calceté una bufanda que iba desde Hollywood hasta Malibú”, aseguraba Joan. Sin embargo, las dos leyendas tenían más puntos en común que diferencias. Joan compitió con Davis toda su carrera por hombres, papeles y portadas de revistas; pero las dos eran muy exigentes consigo mismas, querían hacerse respetar y necesitaban sentirse queridas. Por desgracia ellas no inventaban las normas por las que se regía Hollywood y demasiadas personas se beneficiaban de su enemistad. Ambas eran supervivientes.

Por su parte, Bette admiraba a Crawford: “Joan Crawford y yo nunca hemos sido buenas amigas. No somos agradables. La admiro pero eso no impide que me sienta incómoda junto a ella. Para mí es la personificación de la estrella de cine. Siempre he pensado que la mejor interpretación de Crawford es la de Crawford”.

Una el talento y otra la presencia, sabían que las dos maldiciones de ser una estrella de cine eran el alcoholismo y la soledad. Aunque lo segundo podrían haberlo solucionado con un cigarro y una copa de whisky.

Cuando la violencia machista llega al cine

Seguro que más de una jumpkater coreaba este domingo el grito de “Ni una menos”. La ONU declaró el 25 de noviembre el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conmemorando el asesinato de Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas que se opusieron al régimen del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo tratando de restaurar la democracia para el país.

Pero la mayoría de casos de violencia machista no son tan mediáticos y suceden en cualquier escenario, ya sea un instituto, la calle o el propio domicilio familiar. Parece que para la sociedad las cifras de asesinatos machistas son números vacíos sin nombre, sin familia y sin proyectos de vida. Todavía tenemos miedo cuando vamos por la calle o incluso con una amiga, todavía se nos cuestiona nuestra profesionalidad en la mayoría de empleos, todavía se nos juzga por nuestra forma de vestir o por nuestra forma de hablar… y así podríamos recitar una retahíla de casos en los que quizá no haya ninguna muerte física, pero vivir con miedo por el simple hecho de pertenecer a un género no debería estar permitido.

El cine a veces actúa como un aliado de la causa que pretende remover las conciencias que no consiguen despertar los informativos o la prensa. El equipo de JumpKat ha seleccionado cinco películas para que veas o para que recomiendes al pesado de turno que “ni machismo ni feminismo, igualdad”.

  1. TE DOY MIS OJOS

Protagonizada por Laia Marull y Luis Tosar y dirigida por Iciar Bollaín, la película retrata un caso de violencia doméstica reflejando las diferentes fases que atraviesa Antonio (Tosar). Pilar (Marull) huye con su hijo tras varios episodios de maltrato que ha sufrido en silencio. La película, ganadora de siete premios Goya, expone el miedo, el control y el chantaje emocional a los que se someten las víctimas de este tipo de violencia.

 

        2. EL COLOR PÚRPURA

Dirigida por Steven Spielberg y nominada once veces a los Oscar, narra la historia de una mujer negra (Whoopi Goldberg) que ha sido violada varias veces por su padre, quien después la vende a un hombre que la maltrata. La protagonista, Celie, igual que la Pilar de Bollaín, sufre en silencio las agresiones. A pesar de ello, la película es una oda a la liberación de las mujeres que se aprecia en el crecimiento y en la evolución del personaje de Goldberg, que acaba convertida en una mujer plenamente independiente.

 

3. LAS ELEGIDAS

Desgarradora historia sobre la trata de blancas que dirige David Pablos y presume de cinco premios Ariel en su palmarés. En la película, dos adolescentes (Ulises y Sofía) se enamoran. La familia del chico dirige una red de prostitución y Ulises colabora en el negocio familiar seduciendo a chicas jóvenes para su posterior explotación sexual. Sofía será una más en el engaño de Ulises.

 

4. TOMATES VERDES FRITOS

Además de la violencia de género, la película aborda la discriminación racial. En ella, Evelyn (Kathy Bates) conoce en un asilo a Ninny (Jessica Tandy), una mujer de avanzada edad que consigue atrapar a Evelyn con una dramática historia sobre dos amigas y el asesinato del marido de una de ellas, del que más tarde se revelará que era un maltratador. Gracias a la historia, Evelyn consigue desprenderse del papel de ama de casa para dar un giro a su vida y empezar a cuidarse a sí misma.

 

  1. DURMIENDO CON EL ENEMIGO

Algunas historias al más puro estilo hollywoodiense han incorporado en sus tramas algún drama sobre violencia de género. Este es un claro ejemplo de ello. La película está protagonizada por Julia Roberts, quien da vida a Laura, una mujer continuamente golpeada y abusada por su marido Martin. Un día , la chica decide desaparecer haciendo creer a su marido que está muerta. Al final, el hombre encontrará el paradero de Laura dispuesto a matarla, pero Laura ha rehecho su vida y es una mujer más fuerte de lo que él piensa.

 

‘CAMPO ATRÁS’, UNA HISTORIA NOSTÁLGICA QUE NARRA EL PASO DEL PUEBLO A LA CIUDAD

El equipo de “Campo Atrás”

Andrea Álvarez y Julu Martínez nos contaron los detalles de su TFG 

El pasado 17 de noviembre asistimos al estreno del TFG de Andrea Álvarez y Julu Martínez en el Centro Cultural Casa de Vacas. El cortometraje del tándem dura aproximadamente 27 minutos. 27 minutos de nostalgia y una cierta retrospectiva hacia el pasado, donde los personajes se enfrentan a decisiones que marcarán, sin duda, el futuro de sus vidas.

El problema que se plantea en el corto es fácilmente reconocible para muchísimas personas. En la actualidad, la gente joven que vive en un pueblo o en una ciudad pequeña no se lo piensa dos veces: salir rumbo a la gran ciudad es un hecho irrevocable. Pero no hace tanto tiempo los jóvenes tenían muchos más reparos a la hora de salir del cascarón.

Podríamos decir que este es el punto de partida del corto: se acaba la etapa del instituto y tengo que ver qué voy a hacer con mi vida. Pero no solo. La búsqueda de uno mismo en el terreno de la sexualidad está presente durante todo el proceso. El protagonista, Cesar, interpretado por Alberto Córdoba, se siente atraído por uno de sus amigos de infancia, pero realmente no sabe qué siente. Es una búsqueda de sí mismo, en un proceso por el que todos pasamos en esa famosa etapa de la vida conocida como adolescencia. Supone el paso de la adolescencia a la madurez. Además, Elena, la madre de César -Raquel Martínez en la vida real-,  también experimenta el proceso de encontrarse a sí misma después de la viudez. Un personaje entrañable que vive en la nostalgia de tiempos pasados. Por su parte, Bárbara,  la hija mayor de la familia, interpretada por María del Barrio, regresa al pueblo un fin de semana para dar una grata sorpresa a todos. 

Querido jumpkater, no te contaremos mucho más de la trama con la esperanza de que puedas verlo  muy pronto proyectado en algún festival, pero sí que hablaremos un poquito de la estética que representa.

Que viva lo vintage

La primer pregunta que decidimos hacerles fue acerca de la iluminación escogida. Nos explicaron que las decisiones de iluminación las determinaron el director de fotografía, Antonio Sanz, y Julu, parte creativa del proyecto. Para acercar visualmente la trama al espectador, ambientada en los años 2000, decidieron usar un filtro, el Pro Mist, que difumina las sombras y que satura bastante los colores, buscando retratar un ambiente nostálgico, que “alertase” al espectador de la época tratada. El aspect ratio también es curioso. La imagen está grabada en 4/3, precisamente porque en los 2000 se hacían las cosas con ese formato. Es, sin dudarlo, un guiño a la época, a la imagen tomada en esos años y a los valores que entonces se entendían.  En efecto, existe una coherencia entre todas las decisiones de producción, que refuerzan la idea plasmada en los diálogos: es una misma idea narrativa y audiovisual; fondo y forma confluyen.

Un TFG tirando al mediometraje

Jugando con el límite universitario, los creadores optaron por el riesgo de hacer un cortometraje bastante largo, 27 minutos más o menos, con todo lo que ello supone. En otras palabras, cuantas más horas grabes, más horas hay de postproducción después y más posibilidades hay de cometer errores. Añadido, todo ello, al estrés que supone un TFG cualquiera. En base a esto, nos comentaron que no habían tenido que variar mucho el guión original para adaptarlo a los límites universitarios; solo tuvieron que acortar algunas escenas, precisamente para no pasarse del máximo permitido por la universidad: 25 minutos. Parece que esos 27 minutos fueron permitidos, por suerte para todos.

Os confesamos que nuestra escena favorita tiene lugar cuando el joven protagonista masculino y su compañero de clase, sin tener clara su sexualidad ni lo que sienten realmente, se besan bajo un Toro de Osborne. Es el futuro frente al pasado. El avance generacional frente a lo obsoleto. La vanguardia frente a lo tradicional. Es una escena de contrastes.

Para finalizar el círculo perfecto, creado entre lo técnico y lo ligado a la historia, ofrecieron por el precio de dos euros, una carátula de VHS del corto, con un link a Vimeo y dos postales. Julu y Andrea, demostraron mejor que nadie, que todas las piezas cuentan.