Rocío Montaño: “Tendría que ser tan común leer a Lorca como ver Lizzie McGuire”

El pasado 24 de octubre tuvimos la oportunidad de conocer a una ex estudiante de la Universidad Carlos III de Madrid y a una gran cineasta. Rocío Montaño debutó como dramaturga, como ella dice, con sus primos y hermanas en el corto  “Camisa Verde”. A esta obra le seguirían otras tantas hasta que por fin llegó su TFG “No hablo rumano”.

Para rodar su TFG, Rocío viajó a Rumanía con Bogdan,  un amigo que conocía de cuatro días y que aseguraba tener ascendencia gitana. Cámara y ganas en mano, fueron juntos a averiguarlo por diferentes pueblos rumanos asociados con el chico. 

Tras el visionado, Rocío nos confesó que no resultó ser tan buen amigo como parecía y el orgullo y la arrogancia del chico se tornaron insoportables. Al final, ella misma se convirtió en el objeto etnográfico del estudio y lo que parecía ser un film sobre Bogdan se convirtió en un film existencialista sobre la propia autora. 

Uno de los mayores obstáculos de la cineasta en estas tierras era el idioma: ella no sabía hablar rumano como deja bien claro en el título y casi nadie hablaba fluidamente el inglés, por lo que continuamente se sentía “atrapada y sin voz”. A todo esto hay que sumar el machismo que ya se palpaba al saludar a las mujeres: “En Rumanía, los hombres se dan la mano y a las mujeres ni las saludan”.

Al finalizar el coloquio, Rocío respondió a nuestras preguntas sin dejar de lado la tímida sonrisa que parece tener tatuada. Rompimos el hielo interesándonos por su impresión tras dar el salto del corto al largo: para Rocío no hay mucha diferencia, al menos en la escala en la que ella trabaja. Según ella: “simplemente vas montando la película y dura más”.

Y ya que teníamos a una veterana de nuestra carrera delante, aprovechamos para preguntarle qué opinaba sobre la educación universitaria en la materia de cine. Coincidimos totalmente con su respuesta: “Me parece que el cine está muy mal enseñado en esta carrera. Algunas asignaturas me salvaron un poco y me aportaron nuevas perspectivas”. Para ella, el cine se estudia de forma superficial y narrativa, pero es necesario relacionarse de otra manera con las imágenes audiovisuales y ampliar la perspectiva de los estudios de cine situándolos en el centro y motivando a los alumnos para que se empapen de cine y no se estudien de memoria títulos sin más. “Habría que tratarlo con más respeto al cine”.

“No hablo rumano” fue seleccionado para varios festivales, entre ellos, DocumentaMadrid o Cinespaña Toulouse. Sorprendentemente, en un principio Rocío quería mantener en secreto el film, “Yo pensaba: ¿qué pasa si Bogdan lo ve?”, nos comentaba entre risas. Pero finalmente agradeció a la gente que la apoyó y la animó a presentar su mediometraje a tantos festivales para que muchas personas disfrutaran con su trabajo.

¿Pero qué tiene entre manos Rocío? Actualmente está editando una película sobre las vacaciones con su familia en el campo en la que han grabado sus hermanas o su madre. Le encantaría repetir la experiencia y presentarla a algún festival, aunque sea un poco larga para los exigentes y tiquismiquis programadores de estos eventos.

Después de la entrevista, lo más probable es que la cineasta se pusiera un capítulo de su serie favorita. ¿Pero por qué esa y no otra? Muy fácil: “es una serie que me encantaba de pequeña. Además esta montada de forma muy loca y creo que hay que reivindicar lo popular. Tendría que ser tan común leer un libro de Lorca como ver Lizzie McGuire.”

Aquí os dejamos el tráiler de “No hablo rumano” y otro corto de Rocío sobre un concierto: “Lights”.