Ana de día llega hoy a los cines

La Ópera Prima de Andrea Jaurrieta obtuvo el Premio de la Critica y el de Mejor Sonido en el Festival de Cine de Madrid

“Ana de día”, el primer largometraje de Andrea Jaurrieta, se proyectó el pasado 2 de octubre en el Festival de Cine de Madrid y ha conseguido alzarse con dos galardones: mejor sonido y el premio de la crítica. La entrega de galardones tuvo lugar el pasado 21 de octubre en la Sala Berlanga, donde a través de una gran diversidad de categorías se pretendía realzar la figura de los realizadores emergentes, en una edición donde no solo han participado mujeres, sino también hombres. Te acercamos nuestras impresiones sobre la ópera prima de la directora, quien nos ha contado además, la dificultad del salto del corto al largo.

En el film, Ingrid García-Jonsson interpreta a Ana, una joven con un futuro prometedor que, tras descubrir que tiene una doble, abandona su antigua vida y empieza un intrincado viaje para redescubrirse a sí misma. Aunque más que encontrarse, lo único que hace es embarcarse en una aventura de difícil regreso.

La película es una película bonita, pero no es por la historia que cuenta. Es bonita de ver. La paleta de colores está elegida con sumo cuidado. Los colores se alternan estratégicamente, creando ambientes muy conseguidos, que ayudan a poner en contexto una película dirigida a un espectador reflexivo. Las diferencias entre la vida de Ana y la vida de Nina son evidentes hasta en este aspecto, pasando de unos tonos pastelosos y blanquecinos a escenas oscuras y con mucha más viveza, con tonos rojos y negros.

2018-11-08
Ana antes de cambiar de look.
2018-11-08
La actriz que le da vida es Ingrid García-Jonsson
2018-11-08 (1)
Tendrás que descubrir quién es Marcelo

Los encuadres son originales. Los planos justos y justificados. Algún que otro jump cut, que busca sorprender al espectador a lo largo del film. El cambio de look de la protagonista está bien hecho. No solo cambia el personaje, también su apariencia, su estilo y su personalidad. En línea con lo dicho sobre los colores, Ana ha vivido siempre en un mundo de tonos pastel, bien vistos, aceptados por todos por la luz que transmiten. Pero Nina es fuerza, agresividad, pasión, valentía. Es puro rojo, como su pelo. Ana de día, como todas las producciones de Andrea Jaurrieta, tiene una estética muy cuidada y particular.

2018-11-08 (2)

2018-11-08 (4)

Una Ana madrileña

En cuanto a las localizaciones, si has paseado más de una vez por el centro de la capital, reconocerás inmediatamente los espacios elegidos. Desde la famosa Sala Equis, en la calle Duque de Alba, hasta la Calle de la Ruda o la Plaza General Vara del Rey, donde cada domingo se pone el rastro. Las luces fugaces de la Gran Vía acercan esta historia a un Madrid oscuro, desconocido para la gente como Ana.

¿A qué te vas a enfrentar como espectador?

A una tensión constante y complaciente, que la directora consigue mantener a lo largo de todo el film. Todos queremos saber qué pasa con Nina, qué hará con su vida. Saber quién es Marcelo (Álvaro Ogalla) y qué oculta. Por qué Sole (Mona Martínez) quiere y necesita tanto a Nina… Son cuestiones que van surgiendo conforme se desarrolla la película y que te mantienen alerta, esperando a que explote la trama como si de una siesta se tratase. La presión se siente básicamente porque no sabes en qué momento Ana explicará qué va a hacer con su vida.

¿Y el final?

Abierto. No esperado. ¿Qué sucede con Nina? ¿Volverá a ser Ana algún día?

 

 

 

 

 

 

Cines de Madrid desaparecidos

La Gran Vía madrileña nació en 1910, y desde entonces no dejará de crecer hasta nuestros días, convirtiéndose en la mítica calle que lleva al cielo a todos los madrileños.

Pero antes de ser una jovencita con emblemáticas discotecas y una señora con majestuosos teatros, esta calle se desarrolló debido al auge del cine tras la guerra civil.

Durante los años 20 y 30, los cines de esta calle acogían los clásicos norteamericanos en sus lujosas butacas y enormes cartelones en sus fachadas.

Poco a poco, el séptimo arte se convirtió en el pasatiempo preferido de los madrileños, que deslumbrados por las luces de neón y las estrellas que aparecían en la gran pantalla (ignoraban de qué iba la película, quién era el director o el guionista) se quedaban horas y horas disfrutando de las historias que contaba el proyector.

José Luis Álvarez Fermosel, escritor y periodista, describía con estas palabras el sagrado acto de acudir a los cines de Gran Vía: “Dicen también que se han cerrado, o se van a cerrar algunos cines. Sería penoso. Los estrenos en los cines de la Gran Vía de las películas que nos llegaban de Hollywood con bastante retraso constituían un acontecimiento social. La gente se vestía como para una fiesta para la sesión de la noche. Muchas señoras lucían en invierno abrigos de visón. Todas se maquillaban, perfumaban y enjoyaban concienzudamente. Los caballeros iban de oscuro. En verano se usaban atuendos más livianos, pero la corbata era imprescindible para los señores. Los cines de la Gran Vía… El Palacio de la Prensa –arriba está la Asociación de la Prensa-, el Capitol, el Callao, el Coliseum… Eran caros, ¡pero tan cómodos, tan bien puestos, tan elegantes…!”

Pero paulatinamente los estrenos fueron perdiendo fuelle y muchos cines de esta y otras tantas calles de la ciudad acabaron por cerrar sus puertas y tuvieron que buscarse otro oficio. Muchos lograron salir al paso y se convirtieron en centros comerciales o edificios de viviendas. Otros, los más suertudos, mantuvieron la mayor parte de su infraestructura y sustituyeron las enormes pantallas por escenarios. Y los más miserables solo encontraron la función de contemplar  cómo los mismos carteles que causaban furor entre los madrileños ahora se desgastaban por la lluvia, por el sol y por el polvo.

A continuación vamos a recordar diez cines de esta ciudad que cerraron sus puertas para convertirse en algo distinto (pero nunca mejor).

El cine Actualidades, situado en Gran Vía, 48, uno de los primeros cines de sesión continua de la ciudad,  actualmente es el estudio de arquitectos de Rafael de la Hoz. La función de este cine era “enseñar deleitando”, por lo que se solían exhibir documentales y noticiarios de todo el mundo.

El cine Aragón, en la calle Alcalá, no ha perdido la magia de las historias, pero eso sí, nada de directores de renombre, esta vez las crearán los niños que vayan a la juguetería en la que se convirtió el local.

El cine Bogart, en la calle Cedaderos, llegó a albergar dos ediciones del Festival LesGaiCineMad y se convirtió en un símbolo del movimiento “okupa” en 2006 para visibilizar los problemas de la vivienda en Madrid. Posteriormente cuatro empresarios lo transformaron en un cabaret de lujo.

En cuanto al cine Bilbao de Fuencarral, su nombre cambió a Bristol. Hoy en día es un OpenCor.

El cine Candilejas, en la plaza de Luca de Tena, tomó el nombre de la primera película que se proyectó en él. Tras su cierre, dio lugar a la sede de una secta religiosa y posteriormente a una guardería.

El Cine Excelsior, en la Avenida de la Albufera en Vallecas, se cerró y una tienda de bazar y un gimnasio ocuparon su lugar.

El Cinestudio Falla, en Tirso de Molina, se convirtió en un parking.

El Cine Garden, en Moratalaz, funcionó durante algún tiempo como bingo, pero actualmente está cerrado.

Por último, el Cinestudio Griffith es hoy en día lo que conocemos como el Centro Cultural Conde Duque.

Cines desaparecidos del centro de Madrid
Cines desaparecidos del centro de Madrid